Iniciada su formación académica en 1982 y su carrera profesional cuatro años más tarde, María Eugenia González Chacón entregó 36 años de su vida al servicio de la enfermería en diferentes instituciones de salud pública, y se ha despedido de su trabajo como ella misma lo dice: “Con el deber cumplido”.
Sus últimos años laborando los pasó al interior del Hospital "Dr. Rafael Pascacio Gamboa", en Tuxtla Gutiérrez, pero lo mismo trabajó en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y hasta formó parte del grupo que vio nacer al Instituto de Seguridad Social de los Trabajadores del Estado de Chiapas (Isstech).
“Me siento emocionada de saber que llegué a este momento”, suelta con lágrimas en los ojos, a días previos de que se jubilara y que recibiera de sus compañeras un reconocimiento moral por entregar más de tres décadas a un trabajo tan demandante.
González Chacón también está agradecida y recordó esos momentos que mayor alegría le dieron durante toda su carretera profesional, también encontró pacientes que le cambiaron la vida y otros más en los que pudo influir para bien. “Gracias a mis compañeros, esta es mi segunda casa, siempre los he visto así: como mi segunda familia”.
Cuando se le pregunta sobre alguna anécdota que recuerde con mayor ahínco en 36 años de trabajo, enfatiza que son las sonrisas que han depositado los pacientes después de algunas horas, días y hasta meses de cuidados. “El gracias que me han dado y el verlos que salen por su propio pie y se incorporan a la sociedad, a sus trabajos, a sus vidas”, compartió.
A González Chacón le tocó derribar muros relacionados con que las mujeres sólo debían conseguir una buena pareja y casarse; “yo sabía que tenía que estudiar y ser alguien”, fue ahí que llegó la oportunidad de estudiar Enfermería, una carrera que la separaba ocho cuadras de su casa y la escuela a la que tenía que moverse a diario.
Cargar a los neonatos, dice la ahora enfermera retirada, para luego entregarlos a sus madres para que ellas sigan cuidándolos, son los momentos que se llevará a casa, pero también van las lágrimas y los recuerdos de sus compañeros que emprendieron su partida de este espacio físico.
Para las nuevas generaciones en formación, explica Keny (como la llaman de cariño sus más allegados), es importante que todas las actividades que realicen las hagan con amor, entusiasmo y mucho cariño pero, sobre todo, con responsabilidad. “Ser enfermera no es estar vestida de blanco, es tener la obligación de otorgar los mejores cuidados”, remarcó.












