Más de 100 colonias en riesgo

Más de 100 colonias en riesgo

Chiapas es un estado con alta sismicidad, lo que provoca inestabilidad en determinadas zonas por las condiciones geológicas del terreno. En Tuxtla Gutiérrez, por ejemplo, una zona inestable es la ladera sur, donde por esta causa han ocurrido siniestros en construcciones, como la colonia Cueva del Jaguar; así como este caso, existen otras colonias que podrían tener el mismo destino, de acuerdo con expertos en infraestructura.

Tovar Palacios, arquitecto catedrático de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Chiapas (Unach) y miembro del Colegio de Arquitectos Chiapanecos, comentó que dicha zona es la de mayor riesgo por la inestabilidad existente, de ahí que sea necesario que para construir viviendas se haga un exhaustivo estudio de la mecánica de suelo.

Pero además verifican a fondo otros temas, como la existencia de agua y cavernas, y con ello se puede desarrollar una zona habitable. Es por medio de la ingeniería que se pueden hacer estudios que, aunque son algo costosos, son muy necesarios.

“Tuxtla tiene como la zona más inestable la ladera sur, referenciando del libramiento Sur hacia la parte del Cerro Mactumatzá, aunque no es imposible de construir”, dijo.

De acuerdo con su experiencia, en el caso de la Cueva del Jaguar fue un caso extremo, pero también podrán estar en el mismo riesgo un aproximado de 150 colonias que están asentadas en la ladera.

Todas están asentadas sobre un suelo inestable. En la Cueva del Jaguar posiblemente no se realizaron los estudios que ahora existen, ya que con el paso del tiempo se ha desarrollado más especialización como los dictámenes, estudios específicos y todo lo referente a los suelos.

Recordó que a pesar de ser un foco rojo, el 75 por ciento de las viviendas de esta colonia fueron demolidas, las que quedaron en pie fue porque no sufrieron daño.

Activistas ambientales

Hace al menos cinco años surgió la Unión para la Conservación de la Meseta de Copoya, formada por un grupo de ambientalistas y especialistas en arquitectura e ingeniería, quienes denunciaron una construcción en un predio precisamente en esa zona de la ciudad, mismo que no contaba con los permisos correspondientes y estaba causando un severo daño ecológico.

En su momento destacaron que casi tres mil hectáreas de la Meseta de Copoya, como se denomina también a la ladera sur, están protegidas por decreto estatal bajo la denominación de “Zona de conservación ecológica Cerro Mactumatzá-corredor Meseta de Copoya”, desde el año 2015.

Por su constitución cáustica, sus laderas están consideradas como zonas de alto riesgo en el Atlas Municipal de Protección Civil. La construcción en áreas no adecuadas ha provocado que miles de familias vivan en zonas de riesgo.

Dieron a conocer en diversas conferencias de prensa, que el proceso de destrucción arriba de la colonia Altos del Sur, en la ladera sur, inició en diciembre de 2015 con una primera invasión, registrándose la segunda en junio de 2016. Mismas que gracias a la presión social, el Gobierno Municipal actuó y desalojó a invasores.

Sin embargo, desde abril de 2017 realizaron denuncias ante municipio y el Estado sobre las actividades que estaban realizando en el área, justo arriba de dicha colonia, ya que no contaban con autorizaciones municipales de factibilidad y uso de suelo, ni dictamen de Protección Civil, ni manifiesto de impacto ambiental.

Parte del daño ecológico que habían documentado en ese año es que en esa zona bajaban dos afluentes que convergen en uno solo a los pies de la meseta, pero la empresa constructora rellenó el afluente, lo que generaba un riesgo alto para las colonias cercanas.

Por si fuera poco, habitantes de la colonia Altos del Sur se abastecían desde hace 16 años del agua de los ríos, pero ya no podían porque se construyó también la barda perimetral sin permiso y ya no les permiten obtener agua.

Viviendo entre laderas

La Cueva del Jaguar y Lomas del Oriente son ejemplos de colonias en donde las afectaciones por construir en zonas inestables son notables.

En el caso de Lomas del Oriente, es complicado avanzar por las calles incluso a pie, debido a las grietas y fracturas que presentan algunas de las vías.

Mientras que los automovilistas deben dejar a algunos metros sus unidades y avanzar a pie, debido a algunas veredas que se han ido creando con el paso de los años.

En el año 2019 se registró un último desalojo (en la Cueva del Jaguar), según recuerdan los vecinos, quienes aseguran que el problema de la fracturación de viviendas comenzó a tan sólo dos años de la construcción de las mismas.

Algunas familias aceptaron irse a otro lado, algunas otras lograron que les pagaran sus viviendas o les dieran otras.

Pero la situación es variable, pues a algunas de las familias las instituciones no las indemnizaron y optaron por ampararse para quedarse en las viviendas, las cuales aseguran están en buenas condiciones.

Un vigilante de la colonia comparte cómo algunas de estas calles antes estaban llenas de casas, pero en la actualidad muchas de las construcciones fueron demolidas por el Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (Infonavit).

Algunos de los vecinos se muestran temerosos y reacios ante la presencia de personas extrañas, pues aseguran que les preocupa que acudan de nueva cuenta las autoridades y realicen un desalojo o insistan en que deben de dejar las viviendas.

En el lugar se observan casas demolidas, no obstante, ya nadie fue a recoger el escombro que quedó como producto del trabajo.

Hasta el momento desconocen si se realizará una nueva reubicación, pero muchos de ellos no están dispuestos a irse de sus viviendas a pesar de que algunas presentan evidentes daños.

Otros riesgos

Investigadores señalan que la actividad sísmica en la capital chiapaneca tiene antecedentes históricos que se remontan hace 400 mil años, con la presencia de un volcán activo tipo caldera entre Tuxtla Gutiérrez y San Cristóbal de Las Casas, mismo que ha sido investigado por múltiples docentes.

A casi medio milenio, mencionan que la última erupción de este volcán se trató de un colapso parcial del flanco suroeste de la caldera, al igual que una explosión en la estructura cratérica del noreste de la caldera/cráter principal.

Bajo el nombre de Apas-Navenchauc fue denominado dicho edificio volcánico que alguna vez se distinguía entre ambas ciudades.

Un sistema de detección de actividad sísmica a nivel internacional ha detectado la última intensidad originada de este volcán el 28 de mayo de 2021, a las 11:18:33 horas, a 14 kilómetros de San Cristóbal de Las Casas y a una profundidad de 22 kilómetros, esto confirma que aún existe cierta actividad que puede incidir en un posible evento que tenga consecuencias en zonas críticas de la capital.

Juan Carlos Mora junto a un amplio grupo de investigadores, todos integrantes del Departamento de Vulcanología del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), confirman que existió un Arco Volcánico Chiapaneco (CVA, por sus siglas en inglés), ubicado en la porción central de Chiapas.

Dicho arco es un tramo de 150 km de volcanes alineados irregularmente en dirección noroeste, entre dos grandes características volcánicas: el Cinturón Volcánico Trans-Mexicano al noroeste y el Centro Volcánico Americano del sureste.

El arco volcánico es una zona compleja que marca la interacción de las placas de América del Norte, el Caribe y Cocos, cerca del sistema de fallas Motagua-Polochic, el límite entre las placas de América del Norte y el Caribe.

La parte central del CVA está compuesta por una alineación irregular noroeste de al menos 10 estructuras volcánicas, que generalmente se encuentran a lo largo de fallas con tendencia NNW-SSE extendidas desde el sistema Motagua-Polochic.

La actividad volcánica en el CVA fue principalmente efusiva acompañada de eventos explosivos, freatomagmáticos y se caracteriza por domos volcánicos acompañados de flujos de bloques y cenizas, flujos de cenizas con lapilli acrecional, caídas y flujos de piedra pómez.

Placas tectónicas y movimientos telúricos

La ubicación que tiene Chiapas en medio de tres placas técnicas lo convierten en un estado con alta actividad sísmica, de hecho, de forma anual por la cantidad de temblores registrados se ubica dentro de los tres primeros lugares en todo México.

Hasta el jueves 4 de junio, la Secretaría de Protección Civil en el estado detalló que en todo el territorio nacional se habían presentado más de 11 mil movimientos telúricos y de ese número mil 158 han tenido su epicentro en la entidad.

Con los datos antes citados, Chiapas registra 14.98 % de toda la actividad sísmica nacional y ocupa el tercer lugar. El primer sitio lo tiene Oaxaca con cuatro mil 759 temblores y seguido después por Guerrero con mil 846 sismos.

De acuerdo con el Servicio Sismológico Nacional (SSN), en el mes de mayo de este año se confirmaron mil 932 temblores que se movieron con magnitudes de entre 1.2 hasta 5.0. Según el reporte, este fenómeno natural se presentó desde Jalisco hasta la entidad. También en algunos estados del centro y norte del país se registraron algunos.

“El temblor más grande que se reportó en el mes de mayo fue de magnitud 5.0 y ocurrió el día 10 a las 23:37 horas. Su epicentro se localizó en el estado de Michoacán, aproximadamente a 48 km al sureste de Coalcomán y fue sentido en la región cercana al epicentro.

El 31 de mayo, a las 09:21 horas, ocurrió un sismo de magnitud 1.6 en la Ciudad de México. Su epicentro se ubicó en la alcaldía Álvaro Obregón y también fue percibido en la zona epicentral”, remarcó el SSN.

Para el quinto mes de este año, Chiapas se mantuvo en los primeros lugares en cuanto a sismicidad se refiere. Ocupó el tercer lugar con el 12.8 % de los temblores confirmados en esas semanas. Oaxaca tuvo el porcentaje más alto (37.3 %) y abajo apareció Guerrero con el 16.5 %.