En tiempos donde la furia y las prisas son el común denominador, los actos de solidaridad y bondad sorprenden manifestándose como un oasis de esperanza en la diatriba de la vida que se conjuga minuto a minuto.
Esta configuración ocasionalmente se encuentra en personajes que redireccionan caminos acelerados o extraviados; éstos seres, de vocación humanitaria y alta moral —que en algunas ocasiones portan trajes de justicieros— no buscan más que ofrecer ayuda y sumar para construir sociedades donde la esperanza domine a la parvedad y el odio.
Es el caso de los agentes de la Dirección de Tránsito Municipal en Tuxtla Gutiérrez, Gonzalo González Zebadúa y Manrique González Zebadúa, dos ejemplos de buenos seres humanos, agentes de Tránsito manifiestos de superación personal.
Ellos, son dos agentes de Vialidad. Patrullan buscando evitar accidentes, auxiliar a los automovilistas, atender a los peatones y coadyuvan por una mejor ciudad, una más humana que monstruosa.
Se trata de agentes que ayudan a cambiar neumáticos, abren paso a vehículos de emergencia, ubican a turistas extraviados, atienden emergencias o aconsejan sobre el buen conducir.
Por ejemplo, el viernes pasado alrededor de las 3:45 de la tarde un automovilista circulando a baja velocidad sobre el Libramiento Norte a la altura de la colonia Patria Nueva, pasó el semáforo en luces amarillas, las preventivas.
Por la zona circulaban los dos agentes de Tránsito Municipal Gonzalo González Zebadúa y Manrique González Zebadúa abordo de sus respectivas unidades motorizadas.
Realizaron el protocolo habitual, realizando señalamientos visuales y auditivos al automovilista invitando a orillarse en una zona segura.
El automovilista procedió a estacionarse, seguido de ello, ambos agentes de Tránsito se acercaron al conductor, identificándose y saludándolo cortésmente.
Las primeras palabras de los agentes -para sorpresa del automovilista- buscaron dar aliento al conductor y conocer su estado físico y emocional.
-¿Se encuentra bien, tiene algún problema, qué le ha originado la prisa? Cálmese, podemos escoltarlo hasta su domicilio si lo necesita.
Para el asombro del automovilista, los agentes de Tránsito estaban más preocupados por el ciudadano que por alguna infracción.
“N, nos pagan más ni menos por levantar una infracción. Una boleta puede ser cara para los automovilistas, pero un accidente tiene un precio moral y físico mucho más alto”, dijeron los uniformados.
El conductor, además de aceptar su responsabilidad, solicitó a los agentes una disculpa y agradeció las atípicas atenciones
El automovilista estaba consiente en todos sus sentidos, circulaba en una velocidad mesurada, traía el cinturón de seguridad puesto, licencia actualizada y documentación en regla del automóvil.
Tras cerciorarse que todo estaba en orden, lejos de amedrentar, solicitar “mordidas” o infracionar arbitrariamente, los uniformados ofrecieron una breve charla sobre la importancia de tomar conciencia de los riesgos que involucran conducir en los límites de la prudencia.
Finalmente, tras ofrecer de nueva la posibilidad de acompañar al automovilista hasta las cercanías de su domicilio, los uniformados se marcharon a continuar con sus rondines dejando una profunda huella de conciencia vial en el automovilista, pero sobre todo la esperanza de juntos como sociedad construir un mejor espacio de convivencia.
Los agentes motorizados siguieron su camino, habidos de atender su empleo, su trabajo, el cual pausan los fines de semana cuando cursan su educación universitaria.












