De acuerdo al Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (Cimmyt), se ha identificado que las prácticas de manejo sostenible, como las asociadas a la agricultura de conservación, tienen un efecto acumulativo y potencialmente positivo sobre el almacenamiento de carbono en los suelos.
El incremento del carbono orgánico en el suelo, en este sentido, depende del aporte y características del material orgánico agregado al suelo y su descomposición por microorganismos.
Explica que durante la fotosíntesis las plantas procesan el carbono que está en el aire, uno de los principales gases de efecto invernadero; una parte de ese carbono llega al suelo y gracias a un proceso gradual, que igual puede tomar cientos de años, se estabiliza.
Esto hace de los suelos un aliado para mitigar el cambio climático, sin embargo, el problema es que gran parte de estos están erosionados, lo que les impide realizar esta importante función.
En el caso de los suelos agrícolas, las pérdidas de carbono ocurren en diferentes momentos y medidas, dependiendo del tipo de práctica agrícola. En el caso de los suelos siniestrados por el fuego o aquellos que quedan totalmente sin cobertura y a merced de la erosión, son los que mayores pérdidas de carbono tienen.
Bajo ese contexto, el Cimmyt refiere que la materia orgánica es el componente más importante del suelo porque, además, la captura de carbono en los suelos está asociada con su capacidad de retención de agua.
De acuerdo con los resultados de un nuevo estudio del Soil Health Institute, una organización sin fines de lucro cuya misión es salvaguardar y mejorar la vitalidad y la productividad del suelo a través de la investigación y el avance científico, cada 1 % de carbono en el suelo aumenta en tres milímetros la retención de agua.
Enfatiza que el estudio Funciones de pedotransferencia sensibles al carbono para el agua, disponible de la planta, es relevante en muchos sentidos. Primero, porque aporta nueva información que puede ayudar a cuantificar los beneficios de las prácticas agronómicas que aumentan el carbono orgánico del suelo.
Se puede utilizar para modelar el efecto de los cambios en la gestión en la resiliencia a la sequía; y segundo, porque se basa en evidencia obtenida en toda América del Norte, a partir de 120 ensayos a largo plazo, 16 de ellos en México, de plataformas de investigación de MasAgro-Cultivos, una iniciativa de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural y el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo.












