Máxima vigilancia en las cárceles

"La Secretaría de Seguridad Pública federal anunció ayer una inversión de 60 millones de pesos destinada a modernizar los sistemas de control y vigilancia en los centros federales de readaptación social conocidos como de máxima seguridad.

En una respuesta a la extendida preocupación social por las condiciones de inseguridad y corrupción dominantes en las prisiones, reflejadas en la abierta circulación de armas y droga, asesinatos, sometimiento de la autoridad interna, violencia y control del crimen organizado en el exterior, la SSP pregona un plan ya bosquejado por el secretario Ramón Martín Huerta, trágicamente fallecido el miércoles 21.

El plan, que debiera cumplirse totalmente y abarcar a todo el sistema penitenciario nacional, más allá del interés por apaciguar momentáneamente una opinión pública indignada e insatisfecha por el descontrol en las prisiones, prevé un presupuesto para obtener equipos ""de la más alta tecnología a nivel mundial"" para detección de objetos adheridos al cuerpo o introducidos en alguna cavidad corporal, así como drogas y explosivos. La SSP informó que sustituirán los túneles de rayos X y los arcos detectores de metales, el sistema de control de puertas y el equipo de radiocomunicación para lograr mayores grados de eficacia. Todo esto con la finalidad de mejorar la supervisión de lo que ocurre en el interior de los penales, de tal suerte que se pueda actuar de inmediato cuando la situación lo demande para restablecer el orden y evitar conspiraciones criminales de consecuencias internas y externas.

Aun con la aparente modestia de los recursos monetarios destinados a esta tarea, debe considerarse válida la intención de dar respuesta a las demandas ciudadanas, aunque por el momento pudieran resultar parciales las medidas. Ya está visto que no hay prisiones de alta seguridad efectiva si la venalidad no es desarraigada.

El dinero es la llave que abre todas las prisiones, propicia los cambios de penal, diluye los cargos, consigue exoneraciones y liberaciones, y logra que los vigilantes disimulen el ruido de la sirenas, el titilar de las luces de alarma y las chicharras de los detectores de metales.

El ser humano detrás de los equipos de máxima vigilancia con tecnología de punta juega un papel esencial en el proceso de reordenamiento de los centros de readaptación social. Quiénes son, cómo se escogen, de qué manera se preparan, qué tipo de contraloría interna da seguimiento a su historial como celadores, qué castigos y sanciones reciben, cuál es su formación ética, cuánto ganan, cómo viven. No es creíble pretender reclutar santos como guardianes de criminales, pero sí podemos exigir personal eficiente, sometido también a vigilancia. En una palabra, transparencia en lo que ocurre.

Por supuesto los sistemas carcelarios, los equipos de detección y alarma son indispensables, ayudan a hacer mejor la tarea, pero no la hacen solos. zVan los nuevos equipos a evitar la comunicación de los reos, que sirve para instruir a sus esbirros de afuera sobre quién secuestrar y cuánto pedir de recompensa? zCómo se puede lograr eso sin lesionar los derechos humanos de otros internos, incluso los de los propios familiares de los reclusos? Los reos pierden temporalmente sus derechos cívicos y políticos, pero no sus derechos humanos. zHay jueces que puedan autorizar la incomunicación o el registro de las comunicaciones delictivas? Seguramente hay respuestas para actuar debidamente ajustados al orden jurídico que nos rige.

La sociedad reclama y merece respuestas; las autoridades deben abundar en sus esfuerzos que les reditúen la confianza de la ciudadanía. Hoy debe ser una prioridad de todos, gobierno y gobernados, recuperar el respeto mutuo que nace del reconocimiento de esa ardua misión. (El Universal)

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