Mayor incidencia de menores suicidas

Organismos gubernamentales y expertos señalan que en los últimos meses los casos de suicido han aumentado de manera alarmante en México, según datos de la Secretaría de Salud, sin embargo, lo que más preocupa es la incidencia en relación a la edad, que se ha reducido notablemente entre los suicidas, ya que en la actualidad hay más casos de niños de entre 10 a 14 años. 

Información de la Fiscalía de Distrito Fronterizo, con sede en Tapachula, indica que en el 2021 se contabilizaron 27 personas que se quitaron la vida, de las cuales cinco fueron menores de edad, mientras que lo que va del 2022 suman 18, de las cuales dos han sido menores de 18 años. 

Por lo que el especialista en psicología del Distrito de Salud VII, José Omar López González, refirió que el fenómeno es a nivel global, por lo que los padres deben vigilar los hábitos de sus hijos y promover desde el núcleo familiar la salud mental, pues el tema de suicidios va en ascenso. 

Indicó que de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), el suicidio es la cuarta causa de muerte en el estado. La primera son los accidentes, seguida de la violencia, en tanto que los tumores malignos ocupan la tercera causa y el cuarto lugar los suicidios, por lo que ante esta realidad hay que tomar en serio este problema porque impacta a uno de los valores primordiales que es la vida y la existencia. 

Dijo que hoy en día se lleva un estilo de vida deprisa, donde el estrés es partícipe en todo momento, y a eso se le agregan hábitos nocivos como la drogadicción, el alcohol, el tabaco y la violencia, por lo que resulta importante iniciar con cambios desde lo familiar hasta lo colectivo. 

Señaló que el tiempo generacional no es un factor decisivo, los niños de ahora pueden ser educados sobre los buenos hábitos, es una decisión de los padres que tienen que asumir el rol de concientizador en los hijos y dedicarles el tiempo necesario, aun cuando tengan mucho trabajo o cansancio. 

Puntualizó que la fragilidad en la salud pública y mental no tienen nada que ver con el estrato social, la religión o la condición económica, es decir, no hay un sector vulnerable específico, pues con la pandemia quedó demostrado que hay una debilidad física y mental en la sociedad.