El pasado 17 de agosto decenas de fieles festejaron a San Jacinto.
San Jacinto fue un excelente predicador y misionero, un valioso representante de los primeros Dominicos Polacos. Dedicó mucho esfuerzo para mostrar a sus compatriotas los verdaderos valores de la fe cristiana auténtica. Fue pastor de las almas en el más amplio sentido de la palabra, sensible a las necesidades y tribulaciones de la gente.
Estudió, predicó, confesó a los fieles y visitó a los enfermos, ayudando a sus conciudadanos de palabra y hechos, y dejándoles un ejemplo para seguir.
Jacinto murió el 15 de agosto de 1257, el día de la Asunción de Santa María. Fue sepultado en la iglesia dominica de Cracovia.
El 17 de abril de 1594 el Papa Clemente VIII canonizó a Jacinto. Este hecho contribuyó al crecimiento del culto de San Jacinto.
Historia
Nacido a finales del siglo XII, en el seno de una familia polaca, los condes de Konskie, es educado cristianamente. En 1220, ya sacerdote, acompaña a su tío, obispo de Cracovia, a Roma, de donde volverá fraile de la naciente Orden de Santo Domingo. Después de casi 40 años de trabajos apostólicos acompañados de milagros, muere en 1257.
Jacinto pasa su infancia entre los esplendores de la vida cortesana, hasta que comienza su vida de estudio en los grandes centros culturales de entonces: Praga, Bolonia y París son, respectivamente, el teatro de su carrera de artes, derecho y teología. Vuelto a Polonia, abraza el estado eclesiástico, siendo nombrado canónigo de Cracovia por su tío, a la sazón obispo de aquella diócesis.
Después de unos meses de formación al lado del santo fundador de los dominicos, que le transmitió su espíritu y sus deseos, Jacinto vuelve a Polonia para predicar y fundar nuevos conventos. El camino lo hace a pie junto con otros compañeros y va esparciendo la buena semilla por todos los poblados por donde pasa.
Sus palabras convierten, y sus milagros confirman el favor de Dios sobre él.
El templo de San Jacinto, ubicado en uno de los barrios más antiguos de Tuxtla Gutiérrez, fue construido en el siglo XIX y en su fachada sencilla se observan elementos góticos.
En su interior destaca el retablo del mismo estilo con las figuras esculpidas en madera de San Jacinto, San Juan, La Virgen Purísima, el Señor de los Milagros y el Señor de Esquipulas, imágenes muy veneradas y que durante las festividades de enero son visitadas por los parachicos y chiapanecas. Frente al templo sobrevive una legendaria Ceiba.
Parte de la comunidad zoque asiste a festejarlo con la danza de San Roque.
Juan Ramón Álvarez Vázquez, danzante de la Mayordomía Zoque de Tuxtla Gutiérrez, cuyo cargo es Segundo Maestro Baile de la Danza del Carnaval y de la Danza de Pastores, dice que como San Jacinto se celebra un día después de San Roque, se le visita y se le baila; además, se aprovecha para recorrer otros barrios.
Recordó que Tuxtla estaba dividido en cuatro barrios: los dos barrios de indios eran San Miguel que sustituyó San Roque, puesto en el lado Oriente y San Andrés, suplantado por El Calvario, en el lado Sur- Poniente.
En el lado Norte, se encuentran los santos dominicos como San Jacinto, ubicado en el Norte-Oriente y Santo Domingo, en el Norte-Poniente, que es el único que se conserva desde el siglo XVI.
Resalta que la danza de San Roque fue formada en el siglo XIX, con la creación del barrio que lleva el nombre de este santo.












