Mecánica de suelos deficiente

Sabemos que la ciudad de México, asentada sobre un suelo arcilloso, rellenos de lagos y rocas, se hunde lentamente en algunas partes. Pero la grieta de 50 metros que se tragó tres autos en la delegación Miguel Hidalgo, al igual que el deslave de hace unos meses en Puebla y el desalojo de casas de un fraccionamiento residencial en Monterrey en 2006 comparten la misma falla al cuadrado: Terrenos y autoridades.

En un país que se vuelve cada día más urbano, el desorden en las construcciones, que necesariamente irán hacia arriba por la densidad demográfica, tiene que frenarse. Hay que reivindicar de manera tajante la importancia de auténticas investigaciones de mecánica de suelos.

Este conocimiento debe ser indispensable para el otorgamiento de permisos de construcción, y los castigos por falsear la información del diagnóstico o por emitir algún aval que no se corresponda con ese dictamen técnico deben ser ejemplares.

Detrás de estos desastres aparentemente azarosos o producto de la naturaleza, como lo es el exceso de lluvias, se agazapan maniobras de corrupción, ineficiencias e irresponsabilidades públicas y privadas.

La noche del jueves pasado, en la delegación Miguel Hidalgo, hubo un hundimiento en el que cayeron tres vehículos estacionados. La causa probable es el reblandecimiento del suelo por las lluvias y por las excavaciones mal calculadas efectuadas por la constructora Atrio de Andrómaco, para abrir la cimentación de un nuevo edificio, en la colonia Ampliación Granada, al norte de Polanco.

En julio, en Iztapalapa, un joven de 19 anos cayó cuando se asomó a un hoyo donde había desaparecido súbitamente un automóvil estacionado. En aquella colonia habitan 60 mil personas. Inadmisible que no haya un estudio del suelo, posterior a la fecha, hecho público para que cada uno de los residentes tome sus decisiones respecto de qué hacer con ese nivel de riesgo.

Lo mismo debería suceder para la delegación Cuauhtémoc, donde todavía se observan rastros de edificaciones desplomadas durante el sismo de 1985.

Pero esto no es un fenómeno exclusivo de la capital. El incumplimiento de normas de seguridad para la construcción amenaza a todas las urbes del país.

Así como los deslaves de la Sierra Negra de Puebla, pudieron haber sido incruentos si el Gobierno local hubiera respondido a las advertencias ciudadanas, hechas de manera repetida con antelación al accidente, muchos de los hundimientos que lamentablemente veremos en el futuro podrán evitarse si las autoridades piensan menos en sus proyectos personales y más en las necesidades de los habitantes.

Ni en el Distrito Federasl, ni en ninguna otra ciudad podemos permitir que se abra el suelo ante nuestra vista, sin levantarla y con altura de miras exigir responsabilidad compartida tanto de quien desde la empresa privada no respeta la seguridad y el patrimonio de sus clientes, como de los inspectores que atosigan a buenos empresarios y, en cambio, protegen a quienes como en el caso de referencia de esta semana no tomaron las precauciones necesarias para construir. (El Universal)