Médicos salvan a niño en hospital del ISSSTE

Salvó la vida tras sufrir dengue grave y fiebre tifoidea. Estuvo internado 14 días en el Hospital del ISSSTE de Tuxtla. Amir Hernández / CP
Salvó la vida tras sufrir dengue grave y fiebre tifoidea. Estuvo internado 14 días en el Hospital del ISSSTE de Tuxtla. Amir Hernández / CP

Médicos salvaron la vida de un niño en el Hospital Belisario Domínguez del ISSSTE en Tuxtla Gutiérrez, tras ser internado al sufrir al mismo tiempo dengue grave y fiebre tifoidea, padecimientos que lo pusieron al borde de la muerte. El 13 de febrero, el pequeño Jesús Alonso “N”, de 5 años, de pronto dejó de comer y sufrir de diarrea. Su padre Jorge “N” lo llevó con su pediatra, quien le recetó un tratamiento tras diagnosticarle tifoidea; sin embargo, después del decaimiento físico vinieron fiebre y vómitos. Al notar la complicación, lo llevó con otro pediatra, quien le hizo el mismo diagnóstico: fiebre tifoidea. Así estuvo cinco días, sin ceder la enfermedad. Sin embargo, las dos prescripciones médicas anteriores fueron dictaminadas de manera incorrecta. Al no bajar la fiebre, diarrea, ausencia de apetito, vómito y decaimiento, Jorge determinó llevarlo al Hospital del ISSSTE, de donde es derechohabiente. Era la mañana del 19 de febrero. Ahí de inmediato el menor fue atendido por el cuerpo médico. Tras examinarlo y sacarle pruebas de sangre, dictaminaron que sufría dengue grave y fiebre tifoidea, cuyo estado era muy complicado. Jesusito estuvo hospitalizado hasta el 4 de marzo, luchando contra la muerte, incluso sus plaquetas bajaron hasta 10 mil, por lo que se requirió de voluntarios anónimos para que donaran sangre. Poco a poco la diarrea, fiebre, ausencia de apetito, vómito y decaimiento fueron cediendo. Jorge, su padre, está sumamente agradecido con el cuerpo médico del Hospital del ISSSTE que atendió al pequeño Jesús: con su director Marco Antonio Castillo Paz, los doctores Carlos Domínguez, Ander Dubón, Figueroa, Oel Cruz, Trejo, así como con el personal de enfermería del piso de pediatría y con los médicos externos Édgar Guadarrama y Germán Nango. “Me encomendé a Dios, oré. Le pedí que iluminara a los médicos para que ayudaran a mi hijo. Me mantuve en esa esperanza. Estoy muy agradecidos con ellos”, reieteró Jorge.