Medio Oriente| convulso

Nuevamente el odio y la sinrazón se han impuesto en Medio Oriente. El secuestro del soldado israelí Gilad Shalit, por parte de milicias palestinas, la semana pasada, ha desatado una cruenta represalia por parte del gobierno de Israel, que ha comprendido desde bombardeos aéreos hasta la detención de ocho ministros del gobierno palestino, 20 diputados y algunos alcaldes de Cisjordania.

La situación ha dejado de ser tensa para convertirse, una vez más, en esta larga historia de enfrentamientos, en un virtual escenario de guerra, que amenaza con polarizar las posiciones en el conflicto palestino-israelí. Éste vuelve a ver postergada cualquier esperanza de negociación entre las partes.

Ya parecen haber quedado muy atrás las acciones del ex primer ministro israelí, Ariel Sharon , quien hace un ano pusiera en marcha el plan Territorio por Seguridad, con el que buscó, mediante la entrega de algunos asentamientos judíos de Cisjordania a ciudadanos palestinos, allanar el camino para una negociación de fondo, con mediación internacional, para resolver de una vez por todas el conflicto territorial entre Palestina e Israel.

En enero de este ano, sin embargo, dos hechos empanaron el camino hacia la paz disenado por la ONU para dicha región, en la llamada Hoja de Ruta: Sharon quedó inhabilitado para gobernar, debido a una apoplejía, y el grupo radical Hamas ganó las elecciones de la Asociación Nacional Palestina, desplazando a los moderados de Al-Fatah, en cuyo plan de gobierno sí contemplaban sentarse a la mesa con los gobernantes del pueblo judío.

Ahora, lo urgente es resolver el caso de los secuestros y evitar más violaciones a los derechos humanos, pues existe la certeza de que los bombardeos a Cisjordania y Gaza son indiscriminados y con muchos muertos civiles, lo que debe ser condenado con energía.

De hecho, la gran labor de fondo debe ser el despliegue de una amplia mediación internacional, antes de que las partes sigan atizando el fuego de la violencia, o de que los aliados naturales que tienen Israel y la ANP en la comunidad mundial globalicen un conflicto que ya ha costado muchas vidas humanas. Principalmente Estados Unidos, que ha jugado un papel de apoyo al pueblo israelí que no ha ayudado históricamente al equilibrio de fuerzas en la zona.

Los organismos multinacionales deben demostrar que todavía son útiles y no sólo oficinas burocráticas mundiales que pasivamente ven cómo las naciones dirimen sus diferencias con la mayor violencia posible. La Hoja de Ruta disenada por las Naciones Unidas, por ejemplo, es un instrumento invaluable para coordinar un plan de paz, en el que se especifican y calendarizan metas muy concretas.

El conflicto palestino-israelí es uno de los focos rojos planetarios más graves que hay, porque sus implicaciones no sólo tienen carácter local, sino que incluso han provocado otros choques, como el de Estados Unidos con los fundamentalistas islámicos, por ejemplo, que amenaza, a su vez, con abrir un frente Oriente-Occidente de imprevisibles consecuencias para la humanidad. (El Universal)