La invención de la máscara de Parachico es un oficio que deriva de una tradición antigua para preservar y fomentar una de las conmemoraciones más importantes que se celebra cada año en el Pueblo Mágico de Chiapa de Corzo, pero también se unen a esta verbena el municipio de Suchiapa, Venustiano Carranza y Villaflores.
En el barrio Las mascaritas del municipio de Suchiapa, se le escucha trabajar, al fondo de su morada en su taller, suena el golpetear acompasado del marro y la gubia sobre un trozo de madera que con el paso de las horas va moldeando un semblante de ojos grandes, nariz afilada y algo de barba.
Con más de medio siglo dedicado al tallado de madera, don Mariano Venturino Champo José sabe que esta pieza de arte-objeto pude ser realizada con cualquier tipo de madera, pero los años de pericia le han enseñado que las más recias son de nanguipo o masú, palabras zoques.
Las hábiles manos del Creador del Gigante como también se le conoce en el pueblo zoque, esculpen parte de una historia que data de hace 300 años y evocan a los conquistadores españoles.
“Las arcaicas máscaras de Parachico son un elemento sustancial de la identidad del danzante en el Pueblo Mágico de Chiapa de Corzo, el cual llevan facciones y peculiaridades que reviven al español”, dice el artífice notablemente versado en su quehacer e historia de los pueblos.
Sus gubias de punta redonda, plana con filo recto, conca (honda), pata de cabra y el escoplo le permiten detallar y perfilar cada aspecto del rostro, “ya que el embozo es la tarjeta de presentación del Parachico”.
“Una vez terminado el proceso de tallado, se agrega polvo blanco de España para resanar grietas e imperfecciones de la obra, finalmente se pintan con laca, óleo o al gusto del danzante”, explica el artesano de 64 años de edad.
Es sustancial decir que algunas máscaras pueden costar de cinco mil a los 15 mil pesos, según la brega del maestro artesano.
Melena del danzante
Como parte de la indumentaria de Parachico, José, Candy, Elia y Ubelia Champo Nulutagua hijos de don Mariano, herederos y aprendices de la faena, elaboran monteras o pelucas tradicionales que serán usadas en breve por danzantes en la Fiesta Grande y para la ceremonia del Torito, en Suchiapa.
Los menestrales recolectan los cogollos u hojas centrales del agave para después tallarlas y obtener una fibra.
“Esta materia se pone a secar al sol para endurecerlo, posteriormente obtenemos la fibra vegetal mejor conocida como ixtle, en náhuatl ichtli.
“El hilo cañamo, la malla o base en donde se coloca el ixtle se va tejiendo en una vasija ajustada, este proceso nos lleva de dos a cuatro días y cada montera oscila entre los quinientos hasta los dos mil pesos, dependiendo el urdimbre y tamaño”, comenta José mientras sus hermanas un poco turbadas ante la lente de Cuarto Poder realizan su técnica.
Finalmente, el Creador del Gigante aclara que trabaja dignamente con su familia para no dejar morir las usanzas testimoniales de los pueblos de Chiapas, homenajeando a “nuestros patronos y dando paso a este ejercicio de la dualidad complementaria entre la máscara y el danzante que inicia este 17 de enero”.












