El Banco de México nos ha dado la buena noticia de que la inflación de 2005, de 3.33%, es la menor en toda la historia del país desde que existe este registro. Bien. En términos familiares, ese porcentaje equivaldría al aumento en los precios de la canasta básica de bienes y servicios, y es el referente para fijar sueldos, alquileres y negociar contratos.
Limitar la inflación y controlar el circulante de dinero es producto de una política monetaria restrictiva, que no influye en el crecimiento económico, pero sí en la estabilidad.
Ahora bien, la estabilidad es importante, pero también lo es el crecimiento económico, el cual es necesario. Para ello requerimos inversión y empleo, posibles en la medida en que nos hacemos competitivos, entre otras cosas, modernizándonos, entendiendo y aceptando las tendencias de la economía mundial, poniendo orden en nuestra casa y abatiendo problemas accesorios como la seguridad y la corrupción.
Es bueno tener avances en el control de la inflación. Habla de cui-dado y eficacia en uno de los aspectos del manejo de la economía na-cional, favorecida ésta, a falta de otras cosas, por los precios del petróleo, en niveles impensables, al turismo y a las remesas de los trabajado-res migratorios.
En el mundo de la macroeconomía, la inflación restringida es mejor valorada que en la calle y en el supermercado, donde la gente de a pie batalla por hacer rendir el gasto diario y los números de los informes oficiales son un lenguaje cifrado y lejano.
De todos modos, este gobierno ha logrado en cinco anos una inflación promedio de 4.52%, debido en buena parte al control de la sana capacidad de financiamiento del gasto público, y que es lo que ya ha comenzado a evitar las crisis sexenales.
Antes de que termine este ano tendremos nuevo Presidente y es indispensable que reciba una economía estable, con baja inflación y con buenos niveles de confianza en el exterior.
Hubo una renegociación de la deuda interna, con mayores plazos de vencimiento, y de la externa, con operaciones de mercado, que costará menos, con intereses más bajos para empresas particulares y gobierno. Y además hay estabilidad en el tipo de cambio.
Hay reservas internacionales en buen nivel, y tenemos la garantía del petróleo para nuestro manejo económico, aunque la volatilidad de los precios debe ser una preocupación permanente. El control de la inflación es importante, pero la tarea que enfrentamos es inmensa.
Aspiramos a un desarrollo que efectivamente transforme a la socie-dad con el mejoramiento de las condiciones de vida de los más necesitados y ofreciendo a todos la oportunidad de la salud, la educa-ción y el buen éxito consecuente.
La meta es crecer, progresar, avanzar y convertir el ahorro en inversiones y en atención a las grandes demandas sociales que existen.
Ciertamente, una economía sana, en todos sus aspectos, es la base del buen desarrollo social y, naturalmente, político. Un país que vive con resultados aislados en su economía, que descuida el crecimiento, que contiene un alto índice de desempleo y de desabasto en sus áreas de desarrollo industrial, agrícola o de servicios, y que hace expulsar a un número cada vez mayor de sus ciudadanos a otros países a los que enriquece con su trabajo, es un país desarticulado.
En todo caso, la tarea es desarrollarnos de forma armónica y general. Un desarrollo que implique el rescate de la pobreza de muchos y el equilibrio económico general. Ese es el resultado de un buen gobierno; ni más ni menos. (El Universal)











