"Transparencia Internacional (TI), una de las pocas organizaciones serias, no gubernamental, dedicada a denunciar la corrupción, con el concurso de la sociedad civil, los hombres de negocios y el gobierno, nos informó ayer que, lejos de corregirse, el índice de transparencia en México está ligeramente peor que el ano anterior.
Para emitir su Índice de Percepción de la Corrupción 2005, monitoreó a 85 países. En él no se advierten cambios positivos en la materia en América Latina, sino al contrario.
Por supuesto, los mexicanos medianamente informados están al tanto de cómo, aquí, la transparencia informativa respecto de actos de corrupción no solamente ha disminuido, sino que esto se manifiesta de forma contundente a propósito de los enfrentamientos entre políticos que quieren ser presidente y encumbrados funcionarios y sus familias o, hasta quienes llegaron al poder impulsados por el discurso de acabar con la corrupción, se han visto implicados en este torbellino que ensucia la vida pública, pero que también salpica otras áreas sindicales, sociales y empresariales, sin que sea forzosamente su rasgo distintivo. TI senala que en México, ""de cara a las elecciones presidenciales de 2006, el compromiso de los candidatos para aumentar la transparencia en los ingresos y los gastos será clave para evitar la repetición de los escándalos en la financiación de las elecciones de 2000"". La observación es, sin duda, atinada.
La transparencia es generalmente temida por quienes cometen actos deleznables pues operan más a gusto en las tinieblas; se oponen francamente a ella y, cuando es inevitable, la rodean de obstáculos para evitar ser descubiertos.
Es por esto que urge mejorar el acceso a la información pues, con mucha frecuencia, los gobiernos de los diferentes niveles, asumen el compromiso de la transparencia y la lucha contra la corrupción, pero no lo cumplen.
La transparencia es signo de los gobiernos democráticos, abiertos, que no temen a las indagaciones públicas ni a las auditorías morales porque a la que pretenden tener bajo control es a la corrupción, no a la información.
Condenar la corrupción, pero proteger de la luz pública la función oficial es contradictorio. En todo caso, lo informado por Transparencia Internacional es determinante: en el lapso no sólo no avanzamos en transparencia ni se disminuyó en corrupción; lo que significa un fracaso para todos, pero en particular para el gobierno y las instituciones políticas de un país que dice haberse ungido con la honestidad y la verdad pública, pero que, como se ve, nada ha hecho para cumplir con el compromiso adquirido.
Durante mucho tiempo, desde aquí mismo, hemos insistido en la urgente necesidad de garantizar la transparencia informativa, lo que, naturalmente, conlleva a la disminución de actos de corrupción porque al dar a la luz datos de importancia general se inhibe cada día más la comisión de delitos, no sólo en contra de los bienes nacionales, sino que se actúa contra la llegada de gente que no merece ocupar cargos públicos, pues no sólo entorpecen la honorabilidad institucional, sino que nos involucran en actos delincuenciales que ya no queremos en México.
Urge revertir esa tendencia que nos entrampa y nos avergüenza. La no transparencia y la corrupción sin duda son el origen de muchos de los males nacionales y los principales obstáculos para el desarrollo y el crecimiento económico.
El gobierno y las instituciones públicas, así como los partidos políticos, son responsables de todo esto. (El Universal)
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