Aunque parece chiste del Día de los Santos Inocentes, no es así, México ha empezado a controlar su espacio digital ascendiendo en la lista de países usuarios de banda ancha, donde ocupa ya el rango 14 del mundo y en el del número de suscriptores a Internet, ese nuevo indicador de modernidad, donde en un lustro avanzó 400 por ciento y se colocó en el undécimo lugar en la tabla global.
Los primeros sitios son de Estados Unidos, China, Japón y Alemania, pero antes que nosotros están también India, Corea e Indonesia, entre otros.
El manejo de los programas de computación es tan exigible ahora como antes lo fueron la alfabetización y la mecanografía. No es un fin en sí mismo, sino un instrumento para laborar, obtener, procesar y transmitir información. El teclado es ya una forma de vida sin la cual no puede explicarse el siglo XXI.
El futuro nos alcanza cuando todavía tenemos muchas comunidades dispersas, sin agua ni electricidad y nos sobran promesas, como aquella del presidente Fox de establecer el sitio e-México, portal único para todos los trámites con el gobierno, desde obtener una copia certificada del acta de nacimiento, que aquí se pide para todo, hasta para pagar impuestos.
Habría que retomar en este sexenio la meta de digitalizar al gobierno como lo ha hecho tan exitosamente Brasil. El beneficio sería para todos, pero principalmente para la generación multimedia, esos millones de mexicanos que con las yemas de los dedos chatean, hablan en SMS, y confirman a través de una encuesta que publicamos hoy, su conciencia de que están urgidos de una formación educativa, idónea para las necesidades actuales del mercado de trabajo.
Hay quienes repudian la búsqueda de concordancia entre la educación y las demandas laborales, pero si lo que se requiere es empleo, como nos lo indican los jóvenes, habrá que reunir los requisitos para conseguirlo. Finalmente, con empleo es más fácil satisfacer los variados y muy comprensibles apetitos del espíritu y del intelecto.
Con 20.5 millones de cibernautas en México el avance es loable al tomar en cuenta no sólo que como país entramos tarde a esta era del conocimiento digital, sino que hubo ausencia de una política de Estado y perviven elevados costos de interconexión. Somos el segundo país más caro en servicios de Internet, sólo atrás de Turquía, pero a pesar de todo esto, la sociedad mexicana ha 'surfeado' esos obstáculos para subirse a la ola de las nuevas tecnologías que están achicando al mundo, descubriéndonos, dicen los gurús, que la tierra siempre sí es plana.
En el reducido ciberespacio, hasta ahora somos más consumidores que productores de contenidos, cuando el talento demostrable de los mexicanos nos debería proyectar como una potencia en el aprovechamiento y generación de contenidos para Internet, y sí, leyó bien, no estamos recurriendo a la licencia del Día de los Santos Inocentes para hacer una broma.
México tiene con qué insertarse ventajosamente en la globalización, podemos contar historias, dar noticias, crear juegos, hacer películas, música, en fin, controlar el espacio y llenarlo de mexicanísimos contenidos. (El Univrsal).











