“Mientras sucedan crímenes como los asesinatos en la colonia Narvarte del Distrito Federal, la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, los hechos de Tlatlaya, el incendio en la guardería ABC y la masacre de migrantes en San Fernando, que nos avergüenza y nos duele, no tendremos una patria verdaderamente libre y justa”, afirmó el obispo de la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas, Felipe Arizmendi Esquivel.
“Las autoridades de todos los niveles tienen responsabilidades específicas y no les podemos aplaudir si no cumplen sus obligaciones, si son corruptas y prepotentes, si no escuchan y atienden las necesidades reales de las personas y de las comunidades”, agregó.
Con motivo de las fiestas patrias, dijo: “Algunos disfrutan de unos días de descanso; otros los aprovechan para caer en excesos de alcohol; todos gritamos vivas a nuestra patria; se hacen recordatorios de los héroes que dieron su vida por nuestra libertad”.
Sin embargo, añadió, se escuchan también denuncias y lamentos por la pobreza y la miseria que perduran para muchos mexicanos que no disfrutan de trabajo, de educación y de recursos suficientes para comer y atender su salud. Muchos no disfrutan de libertad y de una vida digna.
En un documento con motivo de las fiestas patrias, subrayó: “No somos un México libre, si muchos mexicanos no tienen un trabajo digno y seguro. No tenemos una patria libre, si hay impunidad, si hay inocentes en las cárceles, si muchos deben emigrar para sobrevivir, si los servicios de salud pública son deficientes, si no hay quién ponga orden para resolver los constantes bloqueos carreteros”.
Arizmendi Esquivel aclaró que la patria no depende solo de las autoridades, pues cada mexicano es constructor o destructor de la patria. Si en una familia se educa para el trabajo, para el respeto, para la solidaridad; esa familia construye la paz social del país, pero si por lo contrario, en el hogar se aprenden groserías, leperadas, violencia, golpes, insultos, robos, trampas, pereza, mentiras e irresponsabilidades, ese hogar daña a la comunidad, porque quizá algunos hijos se dedicarán a robar, golpear y extorsionar, sin respeto por nada y por nadie, aunque hubiera más y mejores policías y militares.
Señaló que: “En vez de solo acusar a los demás, preguntémonos tú y yo, ¿qué podemos hacer por mejorar nuestra patria?, una obra buena, ayudar a los pobres, visitar a los enfermos, apoyar a los migrantes, atender a los encarcelados, convivir con los vecinos, perdonar a quien nos ofende, son una buena manera de construir una patria libre, justa y fraterna”.












