México dentro de EU

"México debe ser la prioridad de Estados Unidos. Son lógicas las palabras de Barack Obama, candidato demócrata a la Presidencia de aquel país. Si dijera lo contrario, eso sería noticia mayor.

Pero por desgracia, no es la primera vez que se pronuncian palabras similares y tampoco que los hechos se frustran. El reciente tropiezo de la Iniciativa Mérida en el Congreso estadounidense lo prueba.

Durante anos la situación ha sido la misma. El crecimiento de los problemas bilaterales, migración y narcotráfico los mayores, muestra que el país vecino en realidad ha desestimado la importancia de lo que pasa bajo los 3 mil kilómetros de frontera que tiene al sur.

Hoy parece que tal situación se revierte porque los políticos del norte ya no tienen forma de darle la espalda. Pero la solución de nuestros problemas no puede venir sólo de Estados Unidos: los mexicanos tenemos que hacer nuestra parte aquí, sin ignorar tampoco lo que pasa allá.

México se ha convertido en su tercer socio comercial, sólo por detrás de Canadá y la ascendente China, y a querer o no, hace aportes reales a la relación como precios preferenciales en energéticos y mano de obra barata, aunque haya en Estados Unidos quienes renieguen de ella.

Más importante aún, un porcentaje creciente del poder político y económico estadounidense está conformado por latinos, en su mayoría, de origen mexicano. Y aunque atentos a su propia situación y la de México, ya no se conforman sólo con ver a los candidatos con un sombrero charro en la cabeza o un taco en la mano.

Para bien o para mal ya no es un tema de relaciones exteriores sino de política doméstica para Estados Unidos. Como lo que pasa en Estados Unidos lo es para México.

Y aquí aparecen Barack Obama y John McCain. La animadversión del primero contra el Tratado de Libre Comercio y el revire del segundo contra una reforma migratoria integral que él apoyó antes, son suficientes para dudar de sus convicciones o su conocimiento de la relación bilateral. Las frases electorales suelen no convertirse en compromisos de gobierno. La esperanza se centrará en que, al llegar al poder, privilegien el sentido común sobre la conveniencia política.

Sería deseable que, gane quien gane, sea el republicano o el demócrata, el próximo presidente de Estados Unidos reviva la reforma migratoria y, con la misma urgencia, convenza al Congreso de su país a revisar una política que de hecho revoca un formal compromiso de apoyar a México en la guerra contra el narcotráfico.

El demócrata ofrece en todo caso que de ser electo promoverá ""más trabajos allá"" (en México) antes que deportaciones, y apoyará, ahora sí, el combate a un consumo de drogas que en términos reales financia las actividades de los cárteles aquí.

"