México-EU: la viga en el ojo

"La secretaria de Seguridad Interna de Estados Unidos, Janet Napolitano, declaró: ""La presidencia de Felipe Calderón ha estado profundamente involucrada (en Ciudad Juárez), decidiendo incluso el envío de efectivos militares. Pero esto no ha ayudado en nada"". Si bien se entiende que cada funcionario quiera librarse de culpa ante sus ciudadanos, la política de mirar la viga en el ojo ajeno no va a llevar a Juárez a terminar con la situación de violencia que padece, así como no evitará que suceda lo mismo en otras ciudades, incluidas algunas estadounidenses.

Los errores señalados desde ambos lados de la frontera hacia el país de junto son reales. A estas alturas resulta inobjetable que es insuficiente combatir al narcotráfico únicamente con las Fuerzas Armadas. También es totalmente cierto que Estados Unidos no hace lo suficiente para frenar el consumo de droga y el tráfico de armas que termina en manos de los cárteles, como ha denunciado el presidente Felipe Calderón. Sin embargo, no será atendiendo a las demandas del homólogo como se solucionará este problema bilateral, sino realizando las mismas acciones de manera coordinada en ambos lados de la frontera, porque aunque existe una línea divisoria impuesta, los vínculos económicos y sociales entre los dos territorios son fluidos, constantes e imparables.

El que la violencia se note sólo del lado mexicano es por decisión de las camarillas criminales y no como consecuencia de la acción de las autoridades del vecino país. Pero la tragedia del sábado pasado, en que fueron asesinados trabajadores del consulado estadounidense, es un anuncio de que en cualquier momento la violencia en Juárez pronto llegará a El Paso, Texas, si la política antidrogas de ambos países mantiene su visión cortoplacista.

Si bien Ciudad Juárez-El Paso no es la única zona de la frontera bajo el fuego de los narcotraficantes, por su relevancia pública reciente, sí será una región en donde el resultado del enfrentamiento Estado-criminales tendrá enormes implicaciones simbólicas. Se trata de una batalla entre la ley y las instituciones democráticas contra la regla criminal de la sobrevivencia del más fuerte. Perder Juárez significará perder la esperanza.

Por lo anterior, ninguna autoridad mexicana o estadounidense puede darse el lujo de desperdiciar tiempo en una disputa estéril sobre quién tiene mayor pedazo de culpa. La ""indignación"" que dijo sentir Barack Obama por el asesinato de sus connacionales, así como el desbordamiento de la violencia que llevó al presidente Calderón a declarar un cambio de estrategia, deberán ser el incentivo que hacía falta entre ambos para responder a este problema con las únicas tres herramientas posibles: cooperación, cooperación y cooperación. (El Universal)

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