Datos del Banco Mundial revelan que más de 120 países, de una lista de 150, rebasaron a México en crecimiento económico en los últimos cinco anos. Es decir, avanzamos en democracia electoral y retrocedimos en economía. El impresionante informe indica que dos repúblicas que formaron parte de la Unión Soviética, Turkmenistán y Kazajistán, crecieron en promedio 16 y 10.2%; China 8.8, la India 6.1, Tailandia 4.8; Chile 4.3 y México 1.9. De América Latina, sólo El Salvador y Uruguay crecieron menos que nosotros.
México perdió competitividad y si en 2000 Estados Unidos le compraba 11.2% de sus importaciones, ahora le compra 10.2%, en tanto que China aumentó sus ventas a Estados Unidos de 8.2 a 14.5%, en el mismo lapso, y pasó de ser el cuarto proveedor al segundo, después de Canadá. También perdimos atractivo como destino de inversión. El índice de confianza de inversión extranjera directa bajó del quinto al decimosexto sitio, de febrero de 2001 al 16 de diciembre de 2005.
Tenemos estabilidad macroeconómica, pero sin crecimiento, eso significa poco. No ha habido reformas estructurales importantes y seguimos atrapados en disputas estériles que no nos permiten discutir la pertinencia de aceptar o no las inversiones que otros países ya se disputan. Hace cuarenta anos, las maquiladoras fueron vistas con horror, y ahora deseamos que vengan más, después de observar cómo detonaron el desarrollo en varios países de Asia por el empleo, la capacitación de la gente y la conexión firme con la producción económica mundial.
Las reservas petroleras han caído por falta de inversión, los empresarios mexicanos invierten en el extranjero, principalmente en Estados Unidos, y no nos interesa el desarrollo tecnológico ni la ciencia, a las que destinamos cada vez menos recursos.
El saldo de la balanza comercial es decreciente, si descontamos la maquila y nuestras importaciones de productos chinos aumenta a más de 45% anual. La realidad que está viviendo el país es cada vez más preocupante. Por ejemplo, menos de la mitad de los mexicanos en edad de trabajar obtiene empleo, más de la tercera parte emigra y poco más de la quinta queda desocupada.
Perdemos competitividad, sí, pero también tenemos el lastre de la violencia y la corrupción, y hemos sobrevivido por los altos precios del petróleo, por las remesas de los trabajadores que van a Estados Unidos, y que suman 16,000 millones de dólares, y por el turismo. Como en los tiempos de la campana presidencial de Bill Clinton, los candidatos mexicanos deberán tener presente la caída económica para hacer sus principales propuestas de gobierno para el inminente próximo sexenio, que comenzará en un ano menos tres semanas.
Nos hemos perdido en miserables pugnas de poder sin atender lo esencial para el país. Los adjetivos han prevalecido sobre los sustantivos. No hay proyecto nacional compartido ni mecanismos de negociación para conciliar intereses y hacer prevalecer lo que es fundamental para la nación.
Países que hace apenas 15 anos estaban subyugados en sistemas autoritarios nos han rebasado en desarrollo económico. También los hay con menos recursos naturales y estructuras e instituciones que han resultado más competentes que nosotros, aun en nuestra región.
Hace falta una convocatoria nacional para plantear la magnitud del rezago económico. Los precios del petróleo y el propio hidrocarburo son volátiles, como el turismo, y los trabajadores en Estados Unidos están siendo sometidos a un acoso despiadado. Ni qué pensar si esas tres fuentes de riqueza se debilitaran.(El Universal).











