"La frase de que México es un país de jóvenes está a punto de ser borrada por una nueva realidad, para la que no nos estamos preparando: la población de ancianos crece lenta pero inexorablemente. En la actualidad hay 8.3 millones de ancianos y para el ano 2050 se prevé que sean casi 35 millones, 28% de la población total nacional, a los que habrá que dar servicios y atención médica especializada.
El notable crecimiento en poco más de cuatro décadas, de 400%, es consecuencia del aumento en la expectativa de vida a 75 anos, lo cual, para ser plausible, necesita cubrir unos mínimos de calidad.
Significa poco vivir unos anos más si es en precarias condiciones de salud y dependiendo de los demás para cubrir las necesidades más elementales. Vivir así no es vida.
Los mexicanos mayores de 60 anos, edad en que alcanzan el digno título de ancianos, pese a los eufemismos como el de la tercera edad, suelen padecer hipertensión, diabetes, obesidad, Alzheimer, osteoartrosis y deterioros motrices, de la vista y la audición, pero también crisis depresivas.
Cada edad tiene sus enfermedades o trastornos, físicos o mentales particulares, y lo consecuente es que dispongan de los servicios médicos especializados en cantidad y calidad suficientes para hacerles frente.
Desde el obstetra hasta el geriatra, recorremos en la vida toda la gama de la medicina, odontólogos y oftalmólogos, pero es en el último trayecto, la ancianidad, a donde llegamos sin la preparación adecuada y con menos servicios médicos especializados disponibles.
México sólo dispone de 300 geriatras, lo que nos da uno para cada 20 mil personas mayores. La Organización Mundial de la Salud recomienda un especialista por cada 5 mil ancianos. Es decir, apenas cubrimos la cuarta parte.
El director del departamento de geriatría del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, doctor Luis Miguel Gutiérrez Robledo, afirma que la transición demográfica del país debe ser seguida por la consecuente evolución de los servicios de salud.
Los ancianos no sólo deben disponer de servicios médicos adecuados -así como de todas las atenciones inherentes a su condición- sino que deben ser preparados para la última fase de su vida.
Hay una amplia variedad de ocupaciones que contribuyen a lo que en el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado se llama desde hace seis anos ""envejecimiento exitoso""; hay personas de edad avanzada con experiencias y ensenanzas que merecen ser transmitidas y con la virtud de saber hacerlo.
Podemos atender estas cuestiones con el ánimo de quien comprueba de qué manera los avances en un área, como en la amplitud del horizonte de vida, se convierten en retos para adecuar, por ejemplo, el régimen de pensiones, que por supuesto es aún perfectible, y la buena salud y la actividad de los nuevos ancianos que nos trae el siglo XXI.
Una propuesta, comprensible, es la creación del Instituto Nacional de Geriatría y Gerontología, aunque quizás se pueda comenzar con la coordinación de los organismos existentes. (El Universal).
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