"zPor qué una persona destruye a otra sin ningún miramiento, con sana, incluso sin motivos? Lo vemos en las calles y las noticias casi todos los días: gente con huellas de tortura, desmembrada, decapitada, disuelta en ácido. Una adicción puede provocar ese comportamiento; sin embargo, lejos de ser un problema meramente siquiátrico e individual, contiene un componente social que es el más preocupante. Cuando el crimen destruye las reglas de convivencia se crea un caldo de cultivo ideal para la perpetuación de la violencia.
Las autoridades en asuntos de salud suelen distinguir a las adicciones en distintos rubros, como tabaquismo, alcoholismo, drogas (mariguana, cocaína, metanfetaminas, etcétera) y ludopatía (adicción al juego). La adicción a la violencia se asemeja a esta última porque genera adrenalina al adicto. Es decir, la necesidad física por una sustancia producida por el propio cuerpo. Hacen falta cifras en este país que dimensionen la magnitud del problema; de cualquier forma, podemos inferir, por sus consecuencias, que es enorme.
De las cerca de 10 mil personas que murieron con violencia el ano pasado, más de 5 mil fueron ""ejecutadas"". A falta de datos oficiales sobre las causas de esos crímenes -casi ninguno es esclarecido o siquiera investigado por las autoridades-, dentro de los medios de comunicación solemos distinguir ""ejecuciones"" de homicidios del fuero común con base en el ""modo"" en que se cometieron; es decir, métodos propios de la delincuencia organizada: tortura, tiro de gracia, decapitación, desmembramiento, empleo de armas de uso exclusivo del Ejército, mensajes cifrados a bandas rivales o autoridades.
Matar a tantas personas en sólo un ano implica un poder de fuego que involucra cuando menos a cientos de asesinos distribuidos en la mayor parte de la República. Si consideramos que para esos sicarios es casi imposible desertar del crimen organizado, sin poner en riesgo su propia vida, es lógico pensar que ""hacen carrera"". La última confirmación de ese estilo de vida la proporcionó el llamado Pozolero, que luego de ser detenido aseguró haber disuelto en ácido a 300 individuos.
zQué ocurre en las mentes de esos sicarios? ""Al estar reaccionando constantemente ante estados alterados de conciencia de manera agresiva, la convierten en una adicción"", dice el doctor Sergio Rueda, uno de los varios especialistas consultados por este diario.
Pero esta afección sicológica y siquiátrica no es exclusiva de los asesinos. Phillip Zimbardo, profesor emérito de Sicología en la Universidad de Stanford, explica que hay situaciones sociales violentas, no necesariamente físicas, que pueden orillar a una persona en apariencia ""buena"" a cometer actos desviados, destructivos y perversos (El efecto Lucifer, editorial Paidós).
Dice el investigador: ""Al encontrarse en ambientes nuevos y desconocidos, nuestras formas habituales de pensar, sentir y actuar dejan de funcionar para mantener la brújula moral que nos ha guiado de forma fiable en el pasado (...) Fuerzas situacionales poderosas -anonimato, presiones grupales o difusión de responsabilidad personal- incitan a obedecer ciegamente a la autoridad y agredir a otros inocentes después de deshumanizarlos"".
Nuestras instituciones tratan el problema sólo como un asunto de seguridad; eso explica los resultados. Junto con los operativos y los arrestos, debemos adoptar un modelo de salud pública que prevenga los malos tratos, la intimidación, el prejuicio. Y que, además, sane a quienes han estado inmersos en la espiral de la violencia. (El Universal)
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