(1ª de 2 partes) El contacto inicial del autor de estas líneas con Rafael Solís Narváez se pierde en el tiempo, data de hace cuatro décadas.
Quienes conocieron a Rafael, en la relación inicial se impresionaban de su elevada estatura (1.80 m), corpulencia y voz firme; y más aún, al saber que después de ingerir bebidas embriagantes durante veinticuatro años, conoció el programa de Alcohólicos Anónimos (AA), se mantuvo sobrio por casi cuatro décadas, se propuso servir cabalmente a esa organización y así lo hizo.
Durante su alcoholismo activo en la ahora CDMX estableció amistad con los del grupo musical Los Dandys, quienes acudieron a la capital de Chiapas la vez que una de sus hijas cumplió 15 años. Los del conjunto hicieron saber al suscrito que Solís Narváez, quien al radicar en aquella ciudad los acompañaba a eventos musicales que muchas veces terminaban en borracheras, de cariño le habían puesto el mote de “El bocalista”. Escribir de esta manera ese vocablo no es un error ortográfico, hace referencia a que el nombrado de esta manera tenía siempre la boca lista para tomar licor.
Por muchos años, el signatario ha tenido la oportunidad de participar en reuniones del grupo “Trasmítelo” que formó a quien se recuerda con este texto, dando a conocer tópicos relacionados con las bebidas de contenido etílico. En esos actos, al término de la exposición y de responderse las dudas del público, Rafael Solís hacía uso de la palabra para dar su punto de vista del tema presentado, muchas veces salpicados con citas textuales de la literatura de AA, a cuya lectura dedicaba varias horas del día.
Su sentimiento religioso era evidente. Cada jornada de trabajo la iniciaba con una oración, en la que pedía no ser interrumpido por los empleados del negocio que estableció e hizo crecer a lo largo de mucho tiempo, de manera que en los últimos años dejó el manejo del mismo a sus hijos y montó una oficina en la que laboraba ocho horas diarias para atender asuntos de la doble A.
Tiempo atrás le diagnosticaron cirrosis hepática y por ello debía evitar algunos alimentos, que en ocasiones cumplía y otras veces no. En la suculenta cena que convidan a los asistentes a las reuniones citadas, hubo un momento que Carlos Hiram Culebro le sugirió que ya no tomara otro tamal como pretendía hacerlo. Posteriormente comentó que se había sentido bien al evitar ese alimento. Con justificada razón el autor de este artículo le hizo saber: Gracias a que se lo sugerí; pero él negó ese hecho y de manera categórica dijo: No, padrino, usted fue el medio que Dios seleccionó para que ya no comiera más, el mérito es de él, usted sólo fue un instrumento, pero agradezco a Dios y a usted que así haya sido.
El apadrinar a Rafael durante muchos años significaba que si en algún momento tuviera deseos de emborracharse, la alternativa sería acudir con el firmante de este artículo para que le rescatara de ese riesgo, sin embargo, es poco lo que Carlos Hiram podría haber hecho en esas circunstancias, cuando el ahijado ocupó casi todos los cargos honoríficos en la estructura regional de la Central Mexicana de Servicios Generales de Alcohólicos Anónimos AC, llegando a ser candidato para representar a los alcohólicos anónimos del país ante sus oficinas principales con sede en Nueva York, sin lograr su propósito.
La emotiva y nutrida reunión con la que celebró diez y seis años de sobriedad, quedó plasmada en el libro “Las Drogas”, de quien escribe estas líneas.
En cuanto a su familia, en las reuniones habitualmente le acompañaba su esposa Marisol, hijos, nueras, yernos y hasta uno que otro nieto correteando de un lado a otro, que daba cierta informalidad a esos actos, pero propiciaban la convivencia de Rafael con todos ellos. La conversación con su esposa Marisol -también “mi ahijada” de cariño- se propiciaba porque ella llevaba su agenda de compromisos por AA y el resto de su parentela se involucraban en los eventos que organizaba de manera constante.
Para participar en grupos similares al que él formó, algunos en la capital de Chiapas, otros cercanos a Tuxtla Gutiérrez y algunos otros no tanto, Culebro Sosa ha acudido varias veces acompañado del psiquiatra Julio Cortés Manjarrez para intervenir ambos en esas reuniones. En esas ocasiones el suscrito se preguntaba la ocasión en que los del grupo visitado evidenciaran que era la primera vez que contactaban a Rafael Solís, pero no ocurrió así, era recibido con la alegría de quien vuelve a reencontrarse con un viejo amigo. Lo mismo ocurrió en visita a las oficinas centrales de ese organismo en CDMX, al que acudió el suscrito a pesar de no ser AA. Su reunión con los dirigentes nacionales volvió a ser una cita con conocidos
De ese viaje fue una experiencia impresionante ver cientos de ejemplares del libro básico de esa asociación civil traducido a casi todos los idiomas y muchos dialectos, que refleja el crecimiento que afortunadamente ha tenido Alcohólicos Anónimos en todo el orbe.
Por seis años desarrolló el programa “Pregúntale a un alcohólico”, en la XETG y ello fue motivo para que adquiriera una cabina radiofónica para hacer las grabaciones desde “Trasmítelo”. (Continuará).












