Michoacán: lección al PRD

Las maquinarias electorales del PAN y el PRD en los gobiernos federal y local, respectivamente, se enfrentaron el pasado domingo de nuevo en una elección estatal, pero esta vez en la 'joya de la corona' de los procesos electorales de 2007 para ambas agrupaciones: la gubernatura de Michoacán.

En Zacatecas fue la batalla anterior entre esas fuerzas con un saldo desastroso para el PRD por la pérdida de 14 municipios, entre ellos los más importantes de esa entidad, a manos del PAN y del PT. En aquella ocasión, como ahora, las pugnas internas socavaron su amplia ventaja en las preferencias electorales.

El proceso michoacano constituía la última y la más trascendente oportunidad del PRD para obtener una victoria en la agenda comicial de este ano que resarciera al menos en parte los malos resultados para el partido durante 2007.

La movilización hacia Michoacán de las principales figuras nacionales del PAN y del PRD se debió a que estaba en juego la entidad natal del Presidente de la República y el bastión emblemático del cardenismo luego transformado en perredismo. La victoria o la derrota de cualquiera de los dos en estos tiempos significa mucho más que la posesión de la gubernatura.

La importancia de este proceso para Felipe Calderón era tal que fue Germán Martínez Cázares -único aspirante a la presidencia panista y 'alfil' calderonista- y no Manuel Espino, saliente dirigente nacional, el encargado de buscar la victoria blanquiazul en zona de influencia perredista.

Si la autoridad electoral confirma las tendencias, Acción Nacional pierde pese a que había generado expectativas mucho mayores que las de alcanzar un segundo lugar a más de cinco puntos de distancia respecto del aspirante perredista. Ganaría el PRD con claridad, sí, pero no holgadamente como suponía la tradición de izquierda de esa entidad y las encuestas que llegaron a colocar a Leonel Godoy 17 puntos por encima del PAN.

Conservaron los perredistas la gubernatura michoacana y detuvieron momentáneamente la erosión de las pugnas internas entre la corriente Nueva Izquierda y los aliados de Andrés Manuel López Obrador, que les ha ocasionado descalabros electorales, pero el problema sigue latente y nada garantiza que no se presente para volver a arruinarle al PRD una elección.

Sin considerar que la renovación en la dirigencia del partido pueda subsanar las divisiones, se acercan en 2009 las elecciones legislativas a nivel federal y con ello una nueva amenaza para esa agrupación.

De retroceder en la bancada parlamentaria más grande que ha tenido en su joven historia al PRD ya no le quedarán argumentos para negar que vive una decadencia sin freno desde su auge previo a las elecciones presidenciales cuyas ensenanzas parece no reconocer.

(El Universal)