"En menos de dos semanas, se cayó un puente en la ciudad de Mineápolis y en el estado de Utah, una mina de carbón se derrumbó. Ambas tragedias, separadas en lugar y circunstancia, tienen un común denominador: víctimas de origen mexicano, modestos trabajadores que buscaron el sueno americano y encontraron la pesadilla. No hubo reforma migratoria y sí endurecimiento. Ese es el entorno en el que se reunirán Bush y Calderón, próximamente.
Peor aún, cada ano, 225 mil jóvenes mexicanos con preparación abandonan el país en busca de oportunidades, de acuerdo con un informe presentado ayer por el Fondo de Población de las Naciones Unidas. Es decir, ya no sólo están emigrando campesinos y albaniles, sino trabajadores intelectuales, preparados en escuelas y universidades mexicanas, quienes buscan fuera del país, igual que lo hacen los trabajadores manuales, el empleo y la calidad de vida que aquí no pueden obtener: triste realidad.
Arraigar a nuestros compatriotas con empleos y oportunidades de vida digna es tarea de las autoridades y del sector productivo nacional. Sin embargo, respecto a la regularización en materia migratoria, que haría más segura la frontera común y menos difícil la situación de derechos humanos de quienes se van a trabajar ""al otro lado"", no deja de ser lamentable la valiosa oportunidad perdida este ano, cuando estando a un paso de que el Congreso estadounidense avanzara en regulaciones efectivas, el acuerdo fracasó estrepitosamente.
Eso dio pie a que los republicanos más recalcitrantes y los funcionarios ""duros"" de la administración Bush intensificaran medidas regresivas contra los trabajadores que viven o ingresan a su país. Esa dureza es obvia en Michael Chertoff, secretario de Seguridad Interna, el herrero de lujo de Washington, quien con soplete en mano levantó parte del muro tan ignominioso como inútil, que no va a detener ningún flujo migratorio.
Son los que buscan saciar la convicción propia y de los que piensan como ellos de que hay que tenerle miedo al otro, al que viene de fuera.
Tan se han radicalizado estas posiciones que esta misma semana se dio el caso de un mexicano asesinado por agentes de la Patrulla Fronteriza de El Paso, Texas. Se suma a la resolución de un caso anterior en el que el jurado determinó en contra de la opinión pública de Ciudad Juárez que otro guardia de ésos, ""pistola rápida"", ameritaba una pena equivalente apenas de asesinato imprudencial.
Es falso que a fuerza de balas y acero el territorio estadounidense sea más seguro. Hay que aprovechar las reuniones como la que habrán de sostener los presidentes Bush y Calderón, y el primer ministro Stephen Harper, en Quebec, el 20 y 21 de agosto, para volver a poner en la mesa el tema de la migración.
Por reiterativo que parezca, cada día que se hace énfasis en la seguridad de los estadounidenses, sin balance para la prosperidad de los mexicanos, se falla a la ciudadanía de ambos países. Ni ellos tendrán seguridad abusando de inmigrantes, ni nosotros, sin propiciar elementos de competitividad para la creación de empleos. Hay que avanzar equilibradamente por las dos vías. Para muchos jóvenes mexicanos es vital. (El Universal).
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