"No sólo el presidente George W. Bush se siente defraudado con la falta de consenso que hubo en el Senado estadounidense para seguir adelante con un ambicioso proyecto de reforma migratoria. Peor amargura despertará tal descalabro entre los 12 millones de mexicanos que viven y trabajan en ese país, ante la imposibilidad de regularizar su estancia y la terquedad de mantenerlos como una subclase trabajadora sujeta a una muy mal disimulada xenofobia.
Pudieron más las maniobras legaloides de una minoría de legisladores republicanos para alargar el debate de una ley que, sin ser la panacea para todos los problemas de migración, prometía ser un punto de partida para ir encontrando soluciones realistas a un problema que ya no aguanta enfoques policiacos y pide a gritos salidas que sean fundamentalmente económicas y sociales.
Necio sería negar la presencia de esa masa de indocumentados en suelo estadounidense. Más absurdo todavía no reconocer oficialmente la importancia de su aportación a la economía de aquel país. Con el retiro del proyecto de ley, por parte del senador demócrata de Nevada, Harry Reid, se deja a la gente en la indefensión legal y se pierde una oportunidad de oro para ordenar la frontera, abriéndola a quienes van a contribuir al progreso de una nación hecha de inmigrantes y cerrándola a quienes pretendan ingresar a suelo estadounidense con aviesas intenciones.
Hoy todo eso queda para mejor ocasión. Irreal pensar que revivirán un muerto en los días que faltan antes de que cobre fuerza la campana presidencial del 2008. Bush no logró siquiera los amarres necesarios dentro de su propio partido para sacar adelante una legislación que, repite, le interesa dejar como legado de su presidencia.
En cambio, continúa en construcción el muro fronterizo con el que los sectores más radicales del espectro político estadounidense pretenden detener la migración, con una lógica apenas comparable a la de los viejos senores feudales que levantaban muros a sus castillos y reinos, por miedo a las invasiones de bárbaros. Eso, sin mencionar los ignominiosos muros de Medio Oriente o el de Berlín, que tanto indignó en su momento a los que se autodenominaban ""líderes del mundo libre"".
En lugar de una salida legislativa y diplomática, propia de estadistas, nos quedamos con una pared de albaniles y herreros.
El revés, sin embargo, debe servir para impulsar con renovadas fuerzas la idea en ambos países de acercarse al asunto migratorio no desde la búsqueda de un remedio, sino del impulso de una estrategia.
Los flujos migratorios de mexicanos hacia Estados Unidos deben alcanzar un ritmo regulado y racional, con base en la proyección de la competitividad regional. Norteamérica no podrá competir con Asia y con Europa si no replantea su política demográfica y laboral en los tres países.
Se enterró lo que hubiera podido llegar a ser un Frankenstein legislativo, por tantas enmiendas y parches que se le hicieron, pero no hay que renunciar a la posibilidad de construir juntos un nuevo y sano cuerpo laboral regional. (El Universal).
"











