Minimizar al enemigo

"Un coche bomba explotó el jueves pasado en Ciudad Juárez. Tres personas murieron. La reacción del gobierno federal fue aminorar la importancia del atentado, pues varios medios de comunicación, analistas y algunos funcionarios locales vieron en el acto un banderazo de salida al narcoterrorismo en México. Se entiende que las autoridades no quieran alimentar la impresión de una guerra encarnizada y que empeora, pero ¿puede la sociedad, de una vez por todas, ver a los narcotraficantes como enemigos si el gobierno federal prefiere matizar la violencia? La gente dejará de tolerar a los narcos cuando vea que éstos no sólo quieren someter al gobierno, sino a todos los demás.

Ayer, el embajador de México en Estados Unidos, Arturo Sarukhán, minimizó lo sucedido en Ciudad Juárez: ""Lo que es importante es no crear la percepción de que fue un acto indiscriminado contra civiles. No fue colocado en medio de un mercado. Claramente estaba dirigido contra la Policía. Esto no parece sugerir que vayamos a una nueva fase en la escalada de violencia"". La declaración va en sintonía con lo dicho por el procurador general Arturo Chávez: ""La motivación de estos grupos es económica, no ideológica... no tenemos evidencia en el país de narcoterrorismo"".

Es cierto que por rigor académico resulta dudoso llamar ""terrorismo"" a lo sucedido el jueves. Las evidencias indican que el objetivo de la bomba era matar agentes federales. Murieron, empero, un rescatista y un médico. Los narcotraficantes están asesinando a personas inocentes de forma accidental e intencional. ¿Acaso no lanzaron granadas a una plaza repleta de gente en Michoacán?, ¿no han acribillado a familias enteras y a decenas de jóvenes estudiantes en fiestas? Tal vez sea impreciso hablar de narcoterrorismo. Lo cierto es que la ciudadanía ya es víctima y objetivo de los narcos hace tiempo, incluso a través de secuestros y extorsiones.

Le preocupa al gobierno federal que ataques como el del jueves pasado sean percibidos como un fracaso de la ""lucha contra la inseguridad"". Debería preocuparle más que un sector de la sociedad todavía cree que era mejor dejar a los cárteles en paz y negociar con ellos en vez de hacerles frente. Ignoran esas personas que, si bien ahora son ciudadanos con derechos vulnerados por malos gobiernos, dentro de un narco-Estado serían meros súbditos.

Varias veces el Ejecutivo federal se ha quejado de que los narcos cuentan con cierto apoyo social. Minimizar sus actos sólo empeorará esa percepción. En vez de suavizar el aspecto de la violencia, el gobierno tendría que asumir su gravedad y reaccionar con medidas que cohesionen a la sociedad. De otra forma será imposible vencer a un enemigo aún oculto entre sus complacientes víctimas.

(El Universal)

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