"Cuando un gobierno anuncia que destinará una enorme cantidad de dinero para obras de infraestructura, en realidad sólo ha realizado la parte fácil. Lo complicado es que esos grandes proyectos tengan viabilidad técnica, los costos estén bien calculados, exista un mercado potencial que compense los gastos y haya empresas dispuestas a colaborar con inversiones de miles de millones de pesos. El problema de la política contracíclica del gobierno federal es que hizo lo primero -concebir ideas que parecían muy buenas en el papel- sin trabajar suficiente en los estudios y las negociaciones que son en el fondo, además del dinero, las que permiten las grandes obras.
Justo por no haber hecho los cálculos y los acuerdos necesarios, Vicente Fox no pudo construir un nuevo aeropuerto en San Salvador Atenco. Su gobierno supuso que después de realizado el anuncio podía ofrecer unos cuantos pesos a los ejidatarios por sus tierras. Ya conocemos cómo terminó la historia. Menor escándalo tuvo la caída del proyecto petroquímico Fénix, una inversión de 2 mil 600 millones de dólares con la cual la administración Fox planeaba producir gasolinas en el país para depender menos de la importación. La obra se canceló porque no hubo acuerdo con los inversionistas privados.
Ahora le sucede lo mismo al gobierno de Felipe Calderón. La Secretaría de la Función Pública anuló la licitación por la que Conagua asignó el contrato para construir la presa El Zapotillo; todo indica que hubo irregularidades en el proceso. Este caso no ha sido el único del sexenio, ni el más importante.
Punta Colonet iba a ser el gran proyecto de infraestructura de esta administración. Con una inversión de al menos 2 mil millones de dólares el puerto sería uno de los más grandes del mundo y con potencial para convertirse en el de mayor tráfico del continente. A mediados de 2009 fue cancelado porque el gobierno dudó sobre si ""valía la pena"" construirlo frente a los ""cambios de tendencia en las relaciones comerciales entre Estados unidos y Medio Oriente"". øEra imposible anticiparlo meses antes con tanto dinero en juegoú
Hacer política en otros tiempos implicaba concertar con todos los actores involucrados y tener todas las posibilidades consideradas antes de hacer rimbombantes anuncios. Algo ocurrió en últimos años que desvaneció esa lógica en la política y, al parecer, también en los negocios del gobierno federal.
El Presidente necesita operadores que no sólo amortig¸en los golpes, sino que de vez en cuando salgan a darlos. (El Universal)
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