A partir de mañana, en la iglesia de San Agustín, ubicada en el Centro Histórico de Tapachula, se empezará a oficiar una misa en idioma créole haïtien (criollo haitiano) y dos misas durante la semana, informó el personal de la parroquia y de la diócesis.
Por su parte, la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Pastoral de Movilidad Humana informó que estas acciones son parte del acompañamiento a la población migrante de ese país.
Servicio
Además, la Congregación de los Misioneros Scalabrinianos ha puesto a disposición dos religiosos, de ellos un sacerdote haitiano, quienes serán los que celebren la misa. Incluso han buscado la vinculación con la Embajada de Haití en México y el embajador reconoció que la presencia de un sacerdote haitiano en Tapachula se convierte para la población migrante en providencial, por lo que a falta de personal consular, el padre Henri-Claude Testamar, misionero scalabriniano y sin ser funcionario público del gobierno haitiano, será un punto de referencia.
La Comisión Episcopal de la Pastoral Social envió en esta semana una carta a las autoridades federales en la que expresa su preocupación por la reactivación del Protocolo de Protección a Migrantes (MPP), conocido como “Quédate en México”, derivado de la orden de la Corte Suprema de Estados Unidos que afecta profundamente los derechos humanos de las personas solicitantes de asilo en ese país, mismo que los obliga a esperar la resolución correspondiente en la frontera con México, lo que las coloca en situaciones de vulnerabilidad y peligro.
El llamado de este organismo episcopal al gobierno de México es a mantener su postura, que si bien sea respetuosa debe ser firme, clara y de absoluto rechazo ante la intención de reactivar el programa “Quédate en México”.
Señalan que existe una crisis profunda que se vive en la frontera sur de México, en particular en Tapachula, con miles de personas provenientes del Triángulo Norte de Centroamérica y un número considerable de personas de Haití que esperan resolver su situación jurídica en el hacinamiento, con la falta de medidas de higiene, comida, insumos básicos y la lentitud de las resoluciones de parte del INM.
Señalan también que los albergues, casas de migrantes y comedores se encuentran saturados, además que los esfuerzos de las iglesias locales de la diócesis han sido rebasados ante la falta de una clara política migratoria, de planeación, estrategia y por los escasos o nulos recursos del Gobierno Federal.
Asimismo agrega la creciente preocupación porque se impida salir de la frontera sur a quienes ya tienen una resolución favorable de su legal estancia en México y libre tránsito por el territorio nacional, lo que afecta tanto a migrantes como a la población local.












