El secretario de Relaciones Exteriores, Luis Ernesto Derbez, pidió ayer que se abra una discusión nacional sobre si México debe o no participar en misiones internacionales de paz, tema que hace unas semanas provocó una discrepancia pública entre el vocero de la Presidencia, Rubén Aguilar, y la subsecretaria de Relaciones, Patricia Olamendi, quien como consecuencia de ello presentó su renuncia.
El canciller Derbez acudirá hoy a la Cámara de Diputados para informar sobre la política exterior en esta materia. El presidente Fox, dijo Derbez, está en contra de la participación de México en estos operativos internacionales, pero considera que el tema debe ser objeto de una discusión más amplia, a escala nacional, para asumir una posición que responda a una voluntad mayoritaria. Bien.
La no intervención y el respeto a la libre determinación de los pueblos, que son principios de nuestra política exterior surgidos de nuestra experiencia histórica, inspirados en el interés de la defensa nacional, y que también forman parte de los postulados de las Naciones Unidas, nos han mantenido al margen de conflictos armados, pero no desatentos a ellos. La última vez que México acudió a una guerra internacional fue en 1942 y lo hicimos en defensa propia, que es la excepción de la regla, cuando las potencias del Eje torpedearon los barcos petroleros mexicanos Potrero del Llano y Faja de Oro .
Siempre hemos propugnado la paz por medios civilizados, con los recursos propios del derecho internacional, como son la resolución de las controversias mediante negociaciones diplomáticas y el fomento de la colaboración entre las naciones en los campos de la economía, el comercio, la salud, el trabajo, la producción agrícola y de alimentos, la ciencia, la educación, la cultura y las comunicaciones.
Los esfuerzos de México en favor del desarme condujeron a que en 1982 el Premio Nobel de la Paz fuera otorgado al diplomático mexicano Alfonso García Robles, arquitecto del Tratado de Tlatelolco.
Nuestra trayectoria en la lucha por la paz ha sido sólida, sin necesidad de enviar contingentes armados a combatir fuera del país.
La última conflagración que el mundo vive fue decidida unilateralmente por una potencia no al margen sino contra la opinión de la ONU y de otras potencias europeas, y no se trataba de poner paz, sino de cambiar un sistema de gobierno. Pretender ganar prestigio o predominio internacional con la participación en misiones de paz, dista mucho de las convicciones de un país que no cuenta con los recursos bélicos de las grandes potencias, ni los codicia dotadas de satélites, rayos láser, equipos de combate robotizados y divisiones de tierra, mar y aire que consumen miles de millones de dólares todos los días.
Las guerras de intervención, en nombre de la paz, resultan, con mucha frecuencia, más que actos de generosidad inusitada, movimientos estratégicos para asegurar recursos básicos, ocupar regiones militarmente claves o imponer regímenes incondicionales. Las consecuencias de ello pueden ser trágicas para quien lo propicia.
El hambre, el empleo, la educación, la salud, la seguridad, son los temas que deben convocar el interés nacional, no el envío de mexicanos a guerras que no son sus guerras. En todo caso, las diferencias internacionales se deben dirimir en los foros que para ello se han construido a lo largo de los anos.
México quiere la paz para sí y para el mundo y, su contribución es, por lo mismo, antibélica, pro-diálogo y negociación, siempre. (El Universal)











