Moteles y lavado de autos, negocios de extorsión

Los moteles, lavado de autos, compra y ventas de vehículos y los restaurantes, son los principales negocios en los que operan las bandas criminales para “blanquear” dinero, aunque ahora se enfrentan a otro problema relacionado con el “pirataje” dentro de la extorsión, advirtió Carlos Méndez, auditor Certificado en Prevención de Lavado de Dinero y Financiamiento al Terrorismo.

Ahora, dijo, el colmo es que dentro de los extorsionadores existe una competencia desleal; este fenómeno tuvo su auge en El Salvador, cuando las personas comenzaron a pedir dinero en las calles, una situación que se repite en los semáforos de Tuxtla Gutiérrez.

Méndez comentó que ahora las personas que se dedican a extorsionar, se hacen pasar por integrantes de pandillas delincuenciales para cobrar la cuota y generar más presión a las víctimas; sin embargo, nunca mantienen contacto visual con los agraviados y todo lo hacen por teléfono.

Es decir, “un móvil en modo prepago, es suficiente para que, desde una cárcel (que sirve como una especie de Call Center) se cometa este delito que, aunque es castigado, sigue siendo un negocio redondo para los delincuentes”.

Como se ha vuelto una actividad redituable, desafortunadamente las empresas tienen que incluir dentro de su contabilidad el pago de extorsión; una parte la absorben ellos, la otra se carga a los salarios de los trabajadores.

Carlos Méndez refirió que el pirataje ya alcanzó a los extorsionadores, toda vez que se aprovecha la mala reputación de bandas criminales para obtener dinero de forma ilícita y que, después, invierten en negocios formales.

“Las pandillas lo que sí hacen, es enviar personas a cobrar y amenazar, mientras que el falso extorsionador todo lo hace por teléfono, no hay un contacto visual, ya hay ‘piratas’”, complementó.

El especialista en Prevención de Lavado de Dinero y Financiamiento al Terrorismo, recomendó a la población a que no caigan en las llamadas telefónicas que buscan extorsionarlos porque, a veces, las palabras altisonantes y los datos que dan los delincuentes, generan miedo en las víctimas.

Finalmente, explicó que se debe escuchar todo el mensaje para, analizar el contenido, y saber de que delito se trata. Con tanta información, la ciudadanía cuenta ya con la información suficiente para detectar estas anomalías.