Mucho gas| cero diálogo

"Las seis horas y media que pasó ayer Oaxaca bajo un fuerte intercambio de gases y petardos entre elementos de la Policía Federal Preventiva (PFP) y miembros de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) son el triste resultado de la sinrazón y del fracaso del diálogo.

El zafarrancho de ayer hay que endosárselo a quienes apelan a la ley del más fuerte, amparados en que la contundencia de los petardos con clavos y vidrios o las armas de la Policía Federal Preventiva los hará prevalecer por sobre los demás.

La Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) no ha cedido en su demanda de que el gobernador renuncie, ni siquiera cuando tuvo la oportunidad de estar en un diálogo en la Secretaría de Gobernación, y ahora ataca con bombas molotov aduciendo que todo forma parte de una resistencia civil ""pacífica"".

Por su parte, el gobernador Ulises Ruiz pretende que su gobierno sea apuntalado por la fuerza pública -federal, de preferencia-, cuando no tiene la menor oportunidad de salvar su puesto, y sin importarle que cada minuto que se mantiene en él sirve para poner en riesgo a su estado y la integridad física de muchas personas, además de generar incertidumbre en todo el país.

Queda en medio la sociedad oaxaquena como rehén de un par de posturas intransigentes que niegan cualquier salida democrática y que no han hecho caso de mediadores débiles, quienes no han sido capaces de acordar absolutamente nada.

Nadie quiere asumir los costos políticos de tomar decisiones que corten de raíz el problema. Cada vez menos pudorosamente queda en evidencia que el gobierno federal pretende heredar el problema a la siguiente administración y hace llamados al diálogo y a la concordia que sólo tienen lugar en el papel.

La violencia no es el camino. No se pueden repetir las escenas tipo Bagdad que vimos ayer en la capital de Oaxaca, ni los heridos -como nuestro companero fotógrafo David Jaramillo y otros profesionales más que lo acompanaban-, ni más muertos por gases lacrimógenos que estallan en el pecho de la gente. No hay justificación para que esto suceda en un Estado democrático que presume de tener en sus manos los hilos de la gobernabilidad del país.

Por eso vale exigir prudencia a las partes y exhortarlos a explorar todas las posibles soluciones no violentas, en el entendido de que en el proceso todos tendrán que ceder algo.

Ayer, por ejemplo, el arzobispo de Antequera, José Luis Chávez Botello, con el aval del Episcopado Mexicano, se propuso a sí mismo como facilitador de un eventual diálogo. Es una posibilidad.

Otras que pudieran tener un importante papel de mediación son las autoridades de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO), quienes tendrían oportunidad de galvanizar el camino al diálogo, por el reconocimiento que tienen como autoridad académica y por su evidente cercanía con la APPO. Si el rector no asume un papel parcial en el conflicto, podría ser muy útil en el restablecimiento de la paz social en la entidad.

Vale explorar estas posibilidades y todas las que sirvan a la reconciliación de la sociedad oaxaquena, que no merece ser gaseada por horas y horas. Prudencia y diálogo; no hay más. (El Universal)

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