"Rayos, inundaciones, deslaves y aguaceros aportan su cuota anual de muerte y destrucción. Truena la naturaleza y truenan los problemas propiciados por la mano del hombre. Sea por hambre o por descuido, se erosiona el territorio nacional que el científico Mario Molina advierte es ""vulnerable ya"" ante el cambio climático, por lo que urge conocer de los riesgos y contar con planes de contingencia.
Este editorial es recurrente. Sólo hay que cambiar los nombres de los sitios afectados. Ayer un autobús de la ruta Tehuacán-Tlacotepec, sobrecargado de pasajeros, fue cubierto por el deslave de un cerro, en el sur de Puebla.
Los deslaves se propician por las lluvias, pero también por la deforestación que causa la tala de saqueadores o simplemente de campesinos pobres que se comen el bosque.
La mayor erosión es la pobreza. Donde la miseria impera, los fenómenos meteorológicos aumentan. En toda la República el número de víctimas y el monto de los danos se magnifica por la acción o la inacción humana.
En el Distrito Federal el Gran Canal amenaza con desbordarse, suceso previsto desde hace 15 anos, cuando los gobiernos del DF dejaron de desazolvarlo y los vecinos continuaron echando basura a las alcantarillas.
Era cosa de esperar que comenzaran las lluvias, sin que hayan sido todavía necesariamente intensas, para ver escenas de devastación en múltiples colonias. Se habla de que la capital tiene 300 puntos susceptibles de inundarse; deberíamos conocerlos y prepararnos personal, familiar y comunitariamente para las contingencias.
El premio Nobel de Química Mario Molina recomienda más fondos para investigación científica. Hay que hacerle caso, empezando por el Servicio Meteorológico Nacional, que demanda 220 millones de pesos para laborar eficientemente y recibirá sólo 60 millones de pesos, equivalentes al salario anual de tres de los principales jugadores mexicanos de futbol, pero insuficiente para contratar a 143 meteorólogos que le permitan operar con precisión.
El atlas de riesgos que deben tener el gobierno de la República y de cada una de las entidades federativas no puede tratarse como secreto de Estado; es una herramienta de análisis y hasta de supervivencia que ha de ponerse a disposición de la sociedad.
La información es básica para prepararse ante las tormentas. La regla número uno es salir de las partes bajas, pero se requieren albergues para guarecerse, servicio médico y víveres para pasar el temporal.
Carreteras, puentes, drenajes, edificios y obras públicas en general deben ajustarse a normas de construcción del siglo XXI para corresponder a flujos y pesos de los nuevos vehículos, las precipitaciones y los calentamientos derivados de la nueva realidad ambiental. Tenemos ingenieros de calidad de exportación, pero inauguramos obras inconclusas o con especificaciones del siglo pasado, que no pasan la primera prueba, como ha ocurrido con la Autopista del Sol.
A la vulnerabilidad provocada por cambios en la naturaleza no sigamos sumando la falta de prevención humana. La tumba en que puede convertirse el autobús de Puebla es sólo un recordatorio, por si se necesitara, de que este editorial resulta recurrente. (El Universal)
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