"La revolucionaria transformación del rol de la mujer en nuestra sociedad, en trance de proyectarse hacia la equidad de género, toca ahora las puertas del cambio sustancial de la actitud cultural, para que en el siglo que comienza las conquistas sean irreversibles.
El balance de la celebración anticipada del Día Internacional de la Mujer -91 mujeres, 91 anos de El Universal- es que a pesar de los grandes logros femeninos, ante las muchas legítimas demandas aún sin respuesta, queda un trecho por andar.
Quien ya ha hecho parte del camino, la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, al enviar un afectuoso mensaje videograbado a las mujeres mexicanas recordó que la paridad de género pasa por el acceso de la mujer a espacios donde se toman decisiones fundamentales de las sociedades, y que, por tanto, nos involucran a todos. Ella lo sabe. No sólo es hoy jefa del Poder Ejecutivo, antes fue secretaria de Defensa, nada menos que en el Ejército alguna vez comandado por Augusto Pinochet.
Apenas resulta natural que la mujer, que ha tenido éxito en la política, en las artes, la economía, el deporte y, por supuesto, el hogar, tenga ahora preocupaciones crecientes por el valor del desarrollo sustentable, el respeto a la ecología y los riesgos del cambio climático.
Como dijo en el acto el Presidente y Director General de El Universal, licenciado Juan Francisco Ealy Ortiz, cuando es la madre naturaleza la que peligra, sus hijos, hombres y mujeres deben enfrentar el desafío codo a codo.
Esa companía no se da simplemente por la voluntad de progreso de las mujeres y la comprensión de los hombres, sino también como resultado de trastrocamientos en los sistemas políticos y en las estructuras económicas. El mismo desayuno de la conmemoración era una muestra espléndida del avance participativo de la presente generación de mujeres, si se les compara con sus madres y abuelas.
No todo es progreso. Hay una tenue línea que es deseable resaltar en cuanto al potencial riesgo de una especie de machismo al revés, una proyección de lo políticamente correcto que no libera ni a hombres ni a mujeres y sí alimenta la resistencia a una evolución social ya muy adelantada en el mundo occidental.
Lo cierto es que en la llamada primero ""liberación"" y luego ""revolución"" femenina hemos encontrado la más justa y menos agresiva fórmula de la igualdad de género, buena para los dos. Porque la equidad beneficia de igual manera a los hombres, limitados muchas veces a un rol preestablecido por una sociedad que no les permite sino repetir atavismos culturales, muy convenientes para sojuzgar a la pareja, pero no para ser felices juntos, que es de lo que se trata.
El cambio cultural preconizado empieza en el hogar, sigue en la escuela, en el empleo y florece al aire libre en sociedad.
Como siempre, más eficaz que la más encendida prédica es el ejemplo que damos a nuestros hijos e hijas, a nuestros amig@s, subordinad@s, y jefes y jefas.
Primero las mujeres, por nobleza, porque es una deuda histórica, por lo mucho que tienen que aportar desde su óptica y sensibilidad. Al lado de ellas, la briosa participación varonil que hará parte de una revolución que los liberará igualmente. Así vamos, juntos. (El Universal)
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