Mujeres de la tercera edad doblemente invisibilizadas

Mujeres de la tercera edad doblemente invisibilizadas

La ocupación de las mujeres dentro y fuera del hogar está en función de su condición de género, colocándolas en cierta posición de la estructura social tras realizar quehaceres domésticos, el cuidado y el bienestar de los miembros del hogar, por lo que a partir de estas connotaciones se les asocia roles y estereotipos femeninos.

Lo anterior lo señaló Verónica Montes de Oca, investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), al decir que nuestro sistema económico se ha centrado en la valoración que tienen las personas dentro de las actividades legitimadas por el mercado de trabajo.

Mientras que las actividades económicas de las mujeres mayores o de la tercera edad han sido doblemente invisibilizadas, tanto porque son mujeres como porque son adultas mayores.

Históricamente las mujeres tienen una esperanza de vida mayor, pero no siempre con calidad, debido a que el sistema económico y político no entendió el proceso proyectado de la dinámica de la población, no advirtieron la necesidad de sistemas de cuidado y políticas públicas que permitieran el fortalecimiento de las relaciones de protección social.

Las mujeres realizan tareas de reproducción en materia de cuidado a otras generaciones, de personas con discapacidad, enfermos, niños, sumado al cuidado de sí mismas. En ese contexto, muchas han tenido que asumir una tarea de participación económica, con baja remuneración en el sistema laboral.

El cuidado no remunerado de terceros posee un alto grado de feminización, que lo posiciona como la actividad con mayor número de horas invertidas por parte de las mujeres, con 22 en promedio a la semana.

A pesar de haber trabajado tanto, las mujeres en la vejez siguen laborando y buscando ingresos, muchas veces precarios, menor al valor real que tienen las actividades que realizan.

La investigadora indicó que los sistemas de pensiones en nuestro país son raquíticos, los cuales obligan a muchas personas pensionadas a seguir trabajando, ya que lo que reciben no es suficiente para sobrevivir, sobre todo en el caso de las mujeres, especialmente indígenas, quienes no reciben pensión.

Cuando se analizan las condiciones de seguridad social en México, se detecta una insuficiencia en el sistema social y económico. Los más necesitados son el medio rural, trabajadores independientes, subempleados, los desempleados, y en todas las categorías, las mujeres.

La desprotección social y la desigualdad de género se institucionalizan en el sistema de pensiones a partir de cuatro factores: la trayectoria laboral desigual o dispar, una mayor esperanza de vida de la población femenina, la oferta de empleos precarios, ocupaciones segregadas y feminizadas.