Mujeres en la política

Los partidos políticos cumplieron esta vez con la exigencia legal de postular mujeres en al menos 30% de sus candidaturas, según reconoció la presidenta del Instituto Nacional de las Mujeres, Patricia Espinosa Torres. Sin embargo, la proporción está muy lejos todavía de la que se da en el padrón electoral, que es de 51-50 a favor de ellas. Lo masculino subsiste en la organización política.

La situación no refleja la importancia que las mujeres han tenido y tienen en la vida nacional. Han brillado en las letras, desde los tiempos virreinales; se distinguieron en la Independencia y la Revolución, y hoy, además de sus responsabilidades en el hogar, cumplen papeles relevantes en la ciencia, la cultura, las artes, los negocios, los medios de comunicación.

También han incursionado con fortuna en la política donde, al igual que los hombres, tienen heroínas y villanas. Hay mujeres policías que han muerto en acción, obreras, choferes de taxi y capitanas de aviación, maestras y médicas, diplomáticas y empresarias, pero todavía se les relega en la política.

A la hora de formular las listas de candidatos, las condenan a menudo a distritos perdidos o de mínima representación. En México, las mujeres obtuvieron su derecho al voto hace 53 anos, medio siglo después que en muchos otros países. Desde entonces han ocupado todas las posiciones políticas: de las presidencias municipales, las diputaciones y senadurías, a las direcciones de los partidos, las secretarías de Estado y las gubernaturas, menos la Presidencia de la República, aunque ahora mismo hay una candidata al puesto.

La moderada oportunidad política concedida a las mujeres no está a la altura de su presencia y sus logros en todas las actividades productivas y creativas de México.

Esto es una realidad; hay que considerar que los méritos no deben ser reconocidos en función del género, pero el hecho es que se percibe una diferencia entre la participación femenina y sus oportunidades de acceso legítimo al poder.

Sólo por constituir una mayoría, las mujeres tendrían la posibilidad de responsabilizarse políticamente del país, aunque la cuestión no sea así de simple y prevalezcan intereses ideológicos, económicos y políticos sustantivos en esta materia.

Algo que está probado es que una participación mayor de las mujeres en nuestra vida pública la enriquece positivamente, pues cuando así lo han conseguido, ponen énfasis en sectores sobre los cuales su conocimientos, sensibilidades e intereses son particularmente certeros. Hoy en día no hay espacio de actividad humana en el que la mujer no haga aportaciones sustantivas para el desarrollo, para la empresa, para la ciencia, para la ensenanza, para las ciencias humanas en general y, por supuesto, para las ciencias exactas. Tienen derecho, pues, a que en política no se les regatee la participación activa y democrática.

Los partidos tienen forma de abrir vías al avance político de las mujeres, si aceptan que como candidatas tienen un potencial de captación de votos que legitimen la elección, sobre todo cuando, como ahora, la perspectiva de tener un Presidente de la República elegido por la minoría, que serán los votos divididos entre tres, menos los abstencionistas, es un problema que tendrá que ser analizado en el corto plazo. (El Universal)