"Ramón García * CP. Ante la falta de oportunidades de trabajo y la migración de hombres hacia el norte del país y Estados Unidos, decenas de mujeres que antes se dedicaban a las labores del hogar hoy se han convertido por necesidad en trabajadoras de la construcción, ayudantes de albanilería, pintoras, electricistas, entre otras actividades.
El anteriormente denominado sexo débil hoy se ha convertido en un elemento indispensable también en esta ruda actividad al igual que en casi todas las áreas laborales de nuestro país, la falta de trabajo y la miseria en la que se encuentra sumida esta ""ciudad de la piedra"", ha obligado a las damas a buscar una forma de ingresos económicos para el sustento de su familia.
Y es que semana a semana cientos de campesinos, albaniles, electricistas, entre otros, han emigrado, por lo que las mujeres han empezado a agregar a sus quehaceres del hogar ahora trabajos remunerados pero pesados, como revolver mezcla, pegar ladrillos, cargar arena, pintar paredes y un sinfín de actividades, todo ello, por unos cuantos pesos.
Sus anteriores manos delicadas con las que cuidaban y daban caricias a sus hijos y esposos, hoy se ven estropeadas al desempenar actividades que usualmente son para la fuerza masculina, pero ese es el precio que tienen que pagar para poder sacar adelante a su familia.
Con los pantalones
manchados
Las damas tienen la imperiosa necesidad de apoyar en el sustento de su familia, por lo que rompieron con el esquema de sólo ser amas de casa y se olvidaron de su feminidad para ponerse en el mismo nivel del hombre, lo cual las obliga a trabajar bajo los inclementes rayos del sol.
Con los pantalones arremangados y manchados de cemento, pintura, tierra y arena, las damas comienzan sus labores desde temprana hora y concluyen hasta muy tarde.
Por la manana permanecen cobijadas por el calor de sus hogares y desempenan su verdadero papel como amas de casa; preparan la comida para sus hijos y tienden la cama, lavan ropa y hasta planchan la del marido, pero cuando llega la hora de abandonar el hogar para dirigirse a su centro de trabajo, adoptan una identidad ruda que las hace defender la posición que han tomado.
En Huixtla más de un centenar de mujeres necesitadas se han empleado en las construcciones de las viviendas destinadas para los damnificados del huracán Stan, esto ante la falta de empleos que agobian a miles de familias chiapanecas.
La mayoría de ellas, jóvenes, que a consecuencia de la crisis económica que prevalece en sus hogares y que no cuentan con estudios para conseguir trabajos bien remunerados, laboran como albaniles.
Algunas trabajan de seis a seis
Desde las seis, siete y ocho de la manana, llegan a la construcción donde algunas hacen trabajos de albaniles, otras de barrenderas, algunas otras pintan las viviendas terminadas, otras más asean las casas, realizan excavaciones, limpian vidrios, acarrean arena, prueban puertas y ventanas todo el día para ver si tiene algún defecto y otras más repellan algunos imperfectos de las casas.
Llegada las dos de la tarde tienen un receso que les permite consumir sus alimentos que llevan desde la manana, porque sólo cuentan con una hora para poder disfrutarlos, pues el trabajo tiene que seguir y hay necesidad de terminarlo para poder cobrar 600 pesos al final de la semana, como pago de su gran esfuerzo al realizar trabajos no acostumbrados para la figura femenina.
A las seis de la tarde culmina su jornada de trabajo, terminan agotadas, sin fuerzas para continuar; sin embargo, se ven obligadas a sacar fuerzas de donde sea para seguir adelante, pues en primer lugar está el bienestar de su familia y es el amor hacia los suyos el que las impulsa a realizar trabajos pesados.
Abandonadas y estudiantes
""Qué diera yo por haber estudiado, aunque sólo fuera secundaria"" expresa dona Carmen Ruiz López, una mujer de 52 anos de edad, quien desde hace cinco anos quedó viuda porque su esposo murió víctima del alcoholismo.
0Dona Carmen da gracias a Dios por la oportunidad que tiene en el trabajo de la reconstrucción de las viviendas, porque hace cuatro meses cuando aún no había trabajo en las casas destinadas para los damnificados, salía a recorrer calles y avenidas de la ""ciudad de la piedra"" para ofrecer frutas y verduras que en muchas ocasiones se le pudrieron porque no logró venderlas.
Ahora que se abrieron fuentes de empleo temporal en la reconstrucción, decidió probar suerte a pesar de que sabía el gran esfuerzo que tendría que hacer para poder desempenar cualquier actividad que la pusieran a realizar.
Mientras que dona Carmen trabaja para sacar adelante a sus dos hijas, Marilú González Sosa, de 20 anos de edad, es una mujer abandonada por su esposo que con enganos y mentiras la dejó para irse a Estados Unidos, prometiéndole que se iba porque sólo allá podría ganar un buen sueldo que les permitiría vivir bien a ella y a su pequena hija de cuatro anos de edad.
La historia de Valeria López Solórzano es diferente, ella es una joven de 22 anos de edad que acaba de entrar a la universidad, es su primer semestre y no cuenta con el suficiente recurso económico para mantener sus estudios, por ello decidió emplearse en este empleo temporal como albanil.
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