"Muchas inconformidades han surgido tras las palabras del presidente Vicente Fox, del pasado viernes, respecto a los trabajos que realizan en Estados Unidos los mexicanos que buscan allá un mejor futuro.
El Presidente senaló que los connacionales desempenan allá trabajos que ""ni los negros quieren hacer"". Esto de inmediato generó enojo entre miembros relevantes de la comunidad afroamericana en EU. Incluso el Departamento de Estado de aquel país ha calificado las palabras presidenciales como ""insensibles e inapropiadas"". Uno de los líderes de movimientos de derechos humanos en EU, Jesse Jackson, consideró ""inexactos e inapropiados"" los comentarios; mientras que otro activista, Al Sharpton, fue más lejos y pidió a Fox una disculpa pública.
En México, el vocero de la Presidencia, Rubén Aguilar, dijo que se malinterpretaron las palabras del mandatario, las cuales nunca tuvieron una intención despectiva o racista.
En todo caso, este incidente se suma a la de por sí difícil etapa que atraviesan las relaciones entre los dos países asociados, según el TLC. De hecho, como reportamos en El Universal hace unos días, el Congreso de EU aprobó una Ley de Inmigración en la que endurece su relación con México a través del trato a los trabajadores mexicanos en aquel país. Luego están las declaraciones que, naturalmente, no dio por su propia cuenta el embajador Tony Garza, lo cual debemos entender como un mensaje rígido de su gobierno al nuestro; sin excluir que miembros del gobierno estadounidense se han referido a México como su ""patio trasero"", lo que también ha sido insensible e inapropiado.
En este contexto, una declaración como la que hizo el presidente mexicano se ha potenciado de tal forma que podría generar dificultades a la convivencia entre mexicanos y afroamericanos en el vecino país.
Pero no hay que olvidar algo. La relación histórica que ha habido entre los pueblos estadounidense y mexicano y subrayamos entre pueblos siempre ha sido de contrastantes altibajos a nivel político, pero por lo que respecta a nivel social y humano ha predominado el respeto y el entendimiento entre una gran parte de estadounidenses ajenos o aun críticos de las políticas de sus diferentes gobiernos. Muchos mexicanos viven en aquel país. Muchos son maltratados por grupos radicales de derecha, pero también es cierto que muchos ciudadanos estadounidenses les reciben sin reproche y sin excesos. Nuestra cultura es de puertas abiertas; mantenemos lazos de unión y amistad con el pueblo estadounidense. A veces de forma distante, pero siempre atentos unos a otros dentro de un margen de respeto y consideración humana. Tan es así que no caemos en enfrentamientos cuando su gobierno hace senalamientos asimismo inapropiados, injustos y excesivos.
Nada de racismos. Nuestro país ha rechazado tener relaciones diplomáticas con gobiernos que permiten o estimulan el racismo como forma de predominio. Esto, por ejemplo, ocurrió en el caso de Sudáfrica, país con el que se establecieron lazos formales una vez que, con la ayuda del líder sudafricano Nelson Mandela, fue derogado el apartheid .
Declaraciones como la del viernes pasado no alteran ni suplantan siglos de cultura, ni conseguirán enfrentar a dos pueblos con diversidad de razas cada uno, pero sí alertan sobre la mesura que ha de imperar en el lenguaje diplomático de ambas partes. Lo dicho el viernes no es el sentir del pueblo de México, que exige respeto para sí como lo ofrece a los demás, cualesquiera que sean.(El Universal)
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