Narco: de Goliat a Aquiles

"En esas regiones donde la violencia parece no tener control, zonas perfectamente ubicadas, hay varias actividades que ya no pueden realizarse con libertad. Cada vez es más difícil fungir como político local, policía, periodista, vendedor de autos, constructor, incluso vendedor de seguros. Se trata de algo más que un mero ""ambiente"" de inseguridad, es el desmantelamiento de la civilización, la muerte por inanición de la economía formal, la caída del Estado en donde la autoridad se debiera ejercer por representación y no por el matón que posee más rifles.

En estas tierras de nadie no todo es caos en el fondo. Existen organizaciones dedicadas a controlar al prójimo para procurar sus intereses privados. Son a estos personajes que corroen la vida pública, los antihéroes del Estado, a quienes los funcionarios encargados de defendernos no han podido frenar. Los más peligrosos en términos de costo social. Porque no es sólo el capo que encabeza un cártel la amenaza a la seguridad ciudadana, sino los mandos medios y los ""soldados rasos"" del crimen, cuya principal actividad es la extorsión, el secuestro y el sicariato. Este primer piso delincuencial ha arrasado con el tejido social, con las libertades de las personas, pero también es el punto más vulnerable de la criminalidad.

Cabe imaginar frente a este dilema una forma distinta de enfrentarlo, ya no como David contra el gigante Goliat, con un certero único piedrazo en la cabeza, sino como el héroe Aquiles, a quien sólo se le pudo vencer -dice la mitología griega- a través de una flecha en su talón.

Es decir, se trata de enfocar la atención en el delincuente que gracias a la batalla gubernamental contra los grandes cárteles, y al desorden que genera, ha encontrado un buen resquicio para su actividad.

Esto no implica renunciar a combatir a las mayores organizaciones criminales. Es más bien distribuir la fuerza gubernamental en ambas direcciones con el objetivo de que el ciudadano común sea afectado lo menos posible ante la violencia desencadenada por la guerra abierta contra las mafias.

No hay duda de que los grandes cárteles han sido afectados por el combate que les ha dado del gobierno federal. Han sido rotos récords en materia de decomisos, detenciones y fragmentaciones de células criminales. Sin embargo, las personas comunes sufren las consecuencias porque cuando el negocio rinde menos, las estructuras delincuenciales se atomizan y sus actividades se diversifican.

Es tiempo revalorar la estrategia acorde a la nueva realidad de la violencia contra ciudadanos comunes en varias regiones del país.

Sí es posible proteger a la ciudadanía sin dejar a un lado la persecución a los delincuentes.

(El Universal)

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