El narcomenudeo es una de las expresiones más acabadas y perversas del narcotráfico, para el cual, hace apenas dos décadas, México era sólo territorio de paso y hoy es uno de sus mercados más lucrativos, con todo lo que ello implica en cuanto al incremento en el número de adicciones y problemas colaterales generados por la distribución de droga.
La venta al menudeo de los estupefacientes es la forma en que algunos de nuestros jóvenes acceden a ese mundo y cómo los grandes cárteles logran obtener jugosas ganancias. Sin embargo, vacíos legales impiden que los vendedores callejeros de droga sean castigados.
A decir de Armando del Río Leal, titular de la delegación metropolitana de la Procuraduría General de la República (PGR), alrededor de 90 por ciento de los detenidos por ese concepto no son consignados ante un juez, puesto que por la cantidad de enervantes que suelen traer consigo no se les puede procesar, pues se declaran adictos y aducen que la droga es para consumo personal.
Esta argucia legal, bien conocida por los distribuidores, ha permitido la expansión de adicciones en la sociedad a niveles alarmantes. Es evidente que un ordenamiento legal que fuera concebido como un resquicio de protección de las garantías individuales de personas con problemas de adicción, se ha convertido en una insospechada puerta para que este ominoso negocio prospere, lo que obliga a revisar el espíritu de la ley y adecuarlo a la realidad actual.
El combate al narcotráfico debe hacerse a todos los niveles posibles. Desde la intercepción de grandes cargamentos por tierra y mar, hasta la venta de las llamadas grapas, tachas y demás drogas al menudeo, que son el último eslabón del negocio y el que más contribuye a generar problemas sociales y a perjudicar a las familias.
La Ciudad de México es, además, un caso particular, dado que hasta hace poco la lucha contra el narcomenudeo no era atribución de las autoridades locales, sino federales, lo que ataba de manos a los policías capitalinos y dejaba muy endeble la lucha contra este fenómeno. Ahora que ya se pueden hacer detenciones a nivel local, es la ley la que no permite que los minoristas de enervantes pisen la cárcel, lo que a todas luces deja indefensa a la ciudadanía ante ese flagelo.
Es por ello urgente que se revise la ley y se estudien las formas para que, sin violar los derechos humanos de las personas con problemas de salud, el narcomenudeo no se pueda escabullir.
La integración de las familias y, a final de cuentas, la cohesión social de los mexicanos no debe verse amenazada por los grandes cárteles de la droga, que siempre buscarán todo lo que esté a su alcance para hacer prosperar su criminal negocio.
No es posible resignarnos a ver cómo se truncan carreras de estudiantes o aun de profesionistas atrapados por las drogas o cómo las bandas de narcos realizan ajustes de cuentas callejeros con gran despliegue de armamento y violencia, en algunos casos con anuencia de los cuerpos de seguridad e, incluso, por leyes federales y estatales que no han sido actualizadas.
En la medida en que se consiga abatir el narcomenudeo, el resto del combate al narcotráfico se verá afectado de manera importante, al carecer de canales de comercialización directa.
Urge un esfuerzo de los cuerpos de procuración e impartición e justicia para bloquear cualquier posibilidad de que los criminales se burlen de la ley y de la sociedad en su conjunto. Se debe sanear las calles de estos delincuentes nocivos que encuentran en la venta al menudeo un modus vivendi aparentemente fácil, pero que en realidad también los condena a ellos a su propia destrucción. (El Universal).











