Narcomenudeo y descoordinación

El parte diario de la guerra contra el crimen organizado es desalentador. El gobierno del Distrito Federal anunció el retiro de su apoyo a las Unidades Mixtas de Atención al Narcomenudeo (UMAN), mientras no se reestructuren para hacerlas eficientes; en Acapulco, la disminución de la oferta de droga duplicó el precio de la cocaína, y el secretario de Educación reveló que hay 500 escuelas identificadas como centros donde prolifera el narcotráfico.

El secretario de Seguridad Pública del gobierno del Distrito Federal, Joel Ortega Cuevas, dijo que sólo 3% de los miles de detenidos por su corporación, como distribuidores de narcóticos, son encarcelados por las autoridades federales. Son puestos en libertad 97% por los agentes del Ministerio Público y se reincorporan a sus malas actividades.

En su opinión, es necesario completar el trabajo de las UMAN con otro, dirigido también a contener el ingreso mensual de dos toneladas de cocaína al Distrito Federal y mejorar los servicios de inteligencia para determinar la forma en que operan las bandas. Dos toneladas de cocaína significan dos millones de dosis de un gramo que, al precio mínimo de 100 pesos, sumarían 200 millones al mes, suficientes para adquirir impunidad en un estado de derecho incompleto.

Ortega desmiente, en los hechos, la nueva coordinación para combatir el narcotráfico anunciada esta semana en la reunión del Consejo Nacional de Seguridad efectuada en el casino militar. Lamentablemente, el crimen sí está organizado; sus combatientes no parecen estarlo.

Lo mejor que hasta ahora hemos visto de parte de las autoridades es su gran habilidad para hacer anuncios muy atractivos para los medios. México Seguro, Atención al Narcomenudeo, coordinación, operativos con desfiles de fuerzas armadas para la foto, que lo más que consiguen es que se cierren consulados en la frontera. Frente a ello, el narcomenudeo ha alcanzado a muchas escuelas primarias y secundarias, con todo el terrible potencial destructivo que tiene sobre los adolescentes.

Está bien atacar el narcomenudeo, pero sin descuidar el combate al mayoreo, a los grandes embarques que por algún lado ingresan a los mercados. Los servicios de inteligencia tienen ahora sofisticados equipos de rastreo y escucha, entre otros mecanismos de investigación policiaca, los cuales deben ponerse a disposición de esta tarea.

Queremos algo más que autocomplacientes declaraciones a los medios. Queremos ver programas de acción obtenidos por consenso y puestos en marcha hasta el final, con los ajustes que sea necesario aplicar. Desazona ver que los operativos fallan por falta de coordinación, por insatisfacción de los propios encargados de su ejecución porque sólo tienen buen éxito en su primera parte, pues muchos agentes del Ministerio Público no parecen determinados a hacer bien su trabajo, por alguna razón sobre la que no debemos especular.

Lo que importa ahora es que exista una coordinación intergubernamental en donde cada uno de los responsables de la seguridad, de la persecución del delito y de la procuración de justicia hagan la tarea que se les tiene asignada; es un asunto de seguridad pública, de salud y, sobre todo, de seguridad nacional.

Las contralorías internas de las procuradurías, de las policías preventivas y ministeriales, de la Agencia Federal de Investigación y de todos los cuerpos involucrados en este combate tienen también que ser más exigentes en la rigurosa supervisión del trabajo de sus agentes. Este sería un buen primer paso en la lucha contra el narcomenudeo. Sin duda. (El Universal)