A pesar de la tergiversación que ha sufrido esta celebración con la modernidad y el consumo, “en la Navidad, tal cual está establecida actualmente, podemos encontrar valores propiamente cristianos, como la solidaridad, la centralidad de la familia y los amigos y también actos como la ternura, la inocencia o la atención amorosa al prójimo y a los niños”, dijo fray Pedro Gutiérrez Anza.
Aclaró que lo que la Iglesia celebra en estas fechas es el nacimiento de Jesús, la encarnación de Dios, algo que se dice simple, pero que a la misma Iglesia le costó siglos comprender, documental y teológicamente.
“El niño Jesús nacido en Belén, es el hijo de Dios, es decir, de la misma naturaleza que el padre; es Dios en el mismo sentido que el padre es Dios, no decimos que es hijo de Dios como el resto de personas, sino que es hijo de Dios de manera sustancial porque Jesús es hombre verdadero, y esto que hoy parece una obviedad, en algunas etapas de la Iglesia no estuvo tan claro”, aclaró.
Y agregó: “Dios se hace verdaderamente hombre con todo lo que esto implica, por tanto y en conclusión, Jesús es Dios y hombre verdadero; el Hijo manifiesta al Padre plenamente”, sustentó
El fraile dijo que ante la duda de ¿dónde está Dios en medio de este sufrimiento?, ninguna religión como la cristiana había dado una respuesta tan radical a esta pregunta, ya que “ningún dios había asumido nuestros sufrimientos en carne propia, sin ser indiferente a lo humano”.
“Dios se hace hombre y sufre hasta el infinito; nace en pobreza, vive en pobreza y muere en la más absoluta miseria, y todo esto Dios lo ha hecho por amor”, subrayó.
Génesis y símbolos
Gutiérrez Anza explicó que el relato que conocemos, más que periodístico o cronológico, es un relato de tipo teológico, es decir, que cada elemento está bellamente colocado para manifestar algo del sentido profundo de la Navidad.
“Es la entrada de Dios mismo en la historia de los hombres, y que para salvarnos se muestra como Jesús, cumpliendo las promesas del Antiguo Testamento”, indicó.
Esas promesas son el cumplimiento de las profecías, que a su vez crearon gran parte del simbolismo cristiano y que sigue perdurando hasta hoy día; por ejemplo, el que naciera en Belén, la ciudad de David o la aparición de los Reyes Magos, una primicia de que no sólo los adinerados y gentiles alabarían a Jahveh, sino que también lo harían los oráculos y gente de naciones diferentes.
O los pastores, un ejemplo de que los pobres de Israel serían quienes recogerían los mensajes de Jesús.
“La literatura apócrifa y tradicional de esta época, que no entró en el canon bíblico, también nos da datos muy interesantes que han pasado a nuestra comprensión de la Navidad, como la mula y el buey que solemos poner en los nacimientos y que tienen un sentido teológico”, subrayó.
“Las profecías de Isaías dicen que conoce el buey a su amo y el asno el pesebre de su dueño, pero que Israel no conoce al señor ni su pueblo recapacita”, aclaró el franciscano, recalcando que así se cumplía la profecía del desprecio, de los reyes y el pueblo de Israel.
Fue Lucas a quien se tuvo que esperar para que detallara por escrito las tradiciones sobre la infancia de Jesús, relatos que dan sentido teológico a su persona y su misión.
Lo cósmico y lo sagrado
El fraile explicó que cada cultura asume y explica a su manera lo cósmico; los cristianos toman la fecha en la que el sol empieza a crecer para simbolizar cósmicamente a Jesucristo, que es el sol que nace de lo alto.
Aunque no se sabe la fecha exacta del nacimiento de Jesus, dijo que se tomó el 25 de marzo como el día de la encarnación, momento en el que Dios encarna en el seno de Virgen María, fecha que coincide en la tradición judía con el sacrificio de Isaac y mismo día que se celebra el día de la creación universal.
“Entonces, fue lógico decir que Jesús nace nueve meses después, un 25 de diciembre, fecha que con el transcurso de los años, emperadores usarían para imponer la uniformidad en sus imperios”, aclaró, subrayando que para los siglos IV y V la fecha ya estaría instalada en el calendario que conocemos.
“Mucha gente dice que la Navidad cristiana sustituyó los cultos paganos y eso es una obviedad; antes había cultos paganos y luego cristianos, pero eso no quiere decir que el origen de la evangelización sea meramente pagano, aunque en algunas cosas sí se fusionaron”, expresó.
Y explicó que es lo mismo que sucedió al momento que se extendió el cristianismo por el norte de Europa, “eso le dio el toque invernal y definitivo, de ahí viene el árbol de Navidad o Papá Noel, es una combinación de tradiciones bíblicas y europeas; y a finales del siglo XIX y todo el XX se le cargó toda una cultura comercial y de consumo, sin dejarse de lado con lo familiar y hogareño”.












