En los últimos años, varios especialistas e investigadores atribuyen que la ganadería ocasiona deforestación, la emisión de gases de efecto invernadero y el calentamiento global, pero realmente son las malas prácticas de muchos productores, no los animales, comentó José Antonio Jiménez, coordinador en Chiapas del proyecto BioPaSos del Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (Catie).
La solución para las consecuencias de esas malas prácticas no es dejar de comer carne, porque son millones de familias en el mundo que se dedican a la ganadería, lo que ocasionaría una crisis, además indirectamente dependen otros miles de esa actividad, por lo que lo primordial es mejorar los sistemas de producción.
Para tal efecto, indicó que desde el 2018 trabajan en el Proyecto (BioPaSos) Biodiversidad y paisajes ganaderos agrosilvopastoriles sostenibles, a través de la Unidad de Ganadería y Manejo de Medio Ambiente del Catie, financiado por la Iniciativa Internacional del Clima.
Se ejecuta en tres estados: Campeche, Jalisco y Chiapas; en este último específicamente en la Reserva de la Biosfera La Sepultura, que abarca los municipios de Villaflores, Villa Corzo, Arriaga, Tonalá, Cintalapa y Jiquipilas.
Trabajan con 27 escuelas de campo (grupos de productores) que reciben capacitación para desarrollar de mejor manera su sistema de producción ganadero; para ello realizaron un diagnóstico para conocer las necesidades, con el cual diseñaron una malla curricular enfocada a mejorar sus técnicas.
En total, este proyecto tiene impacto en 432 personas, de las cuales 286 son hombres y 144 mujeres de los seis municipios. En general se dedican a actividades múltiples en el campo; varias tienen cultivo de café, maíz y aparte tienen ganadería bovina.
Se identificaron sus prácticas, desde alimentación, manejo sanitario, reproductivo y con base en ello identificaron lo que se debía mejorar, para incrementar la producción de carne y leche, pero sin incrementar la superficie dedicada a la actividad.
También se está trabajando para que sus sistemas de producción tengan la capacidad de adaptarse y siga produciendo, a pesar de las variaciones climáticas que cada vez son más frecuentes.
Por ejemplo, en temporada de estiaje, anteriormente se morían algunas vacas por la falta de comida y agua, pero hoy día los productores saben cómo garantizar esa alimentación con forraje, lo que hace a los animales resistentes a los cambios del clima.











