Investigadoras del Instituto de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (Inifap) y del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (Cimmyt) mencionaron que es necesario hacer un frente a la desertificación y sequía con agricultura de conservación.
En Chiapas la agricultura extensiva o tradicional ha ocasionado una degradación y desertificación del suelo, hecho que ha ahondado en los efectos del cambio climático y se ha manifestado en la disminución o incremento de lluvias.
El Instituto Tecnológico de Comitán y el Cimmyt determinaron a través de una plataforma de investigación que el cambio climático es una realidad y se ha manifestado de diferentes formas en los municipios, una de ellas ha sido la disminución o incremento de lluvias.
En el marco del Día Mundial para Combatir la Desertificación y la Sequía, celebrado hace días, en Chiapas sobresalen casos en los que ha habido un incremento notable de lluvias como en Altamirano, Tonalá y Motozintla; caso contrario de lo que ha sido la disminución en Tapachula y Malpaso.
Los expertos comentaron que dichos cambios significan una modificación en los regímenes pluviales, es decir, lluvias mucho más torrenciales combinadas con periodos de sequía.
Ante ello, los investigadores coincidieron en que la desertificación y sequía a nivel regional son temas de interés para la comunidad científica, que busca generar soluciones para detener y mitigar los efectos de estas condiciones y contribuir al fortalecimiento de la seguridad alimentaria.
A nivel América Latina, estos retos se han convertido en temas de interés global por su impacto en materia económica y producción de alimentos, por lo que se promueven medidas de sustentabilidad para generar una recuperación de los suelos.
La coordinadora de Investigación Estratégica del Cimmyt, Nele Verhulst, señaló que a través de técnicas de sustentabilidad es posible generar un mejoramiento de los suelos e incrementar los rendimientos en beneficio de la seguridad alimentaria de los países.
Durante su ponencia “Agricultura de conservación como eje para la protección y reducción de la degradación de suelos”, afirmó que la agricultura de conservación genera una mayor eficiencia en el uso de recursos y aumenta la sustentabilidad y resiliencia ante los efectos de la desertificación y sequía, esto al aumentar la humedad en los suelos y reducir la evaporación del agua, lo que reditúa en un mejor desarrollo de los cultivos e incremento en los rendimientos.
Actualmente, dijo que se trabaja en realizar investigaciones de manera local para adaptar las innovaciones a las distintas regiones y grupos de productores para que se adecuen a este tipo de prácticas y mejoren su producción de manera sustentable.
Detalló que el Cimmyt, en coordinación con operadores locales, cuenta con más de 50 plataformas de investigación en el país que forman parte de las redes de investigación, las cuales trabajan con instituciones públicas y privadas para evaluar el uso de las tecnologías en los sistemas de producción.
Indicó que en el trabajo con estas plataformas, los productores conocen las tecnologías con base en agricultura de conservación, que aplican en diversos cultivos y condiciones, tanto en temporal como de riego, lo que hace más eficiente el uso del agua.
Precisó que la técnica de agricultura de conservación cuenta con tres componentes: el movimiento mínimo del suelo, cobertura de la superficie y diversificación de cultivos, que al ser aplicados funcionan como la base para una producción sustentable.
Finalmente, dijo que a esta base se agregan otras tecnologías sustentables para hacer un uso eficiente de recursos, como el manejo integrado de plagas y enfermedades y eficiente de agua, así como uso de genotipos adecuados, entre otros beneficios.












