"Roberto Fuster * CP. Debido a que no existe una cultura de ahorro en la población chiapaneca, miles de familias que dependen de las remesas que envían los campesinos que trabajan en Estados Unidos podrían quedar desamparados si se llegaran a suspender los envíos, que este ano ascendieron a más de 500 millones de dólares.
Así lo aseguró Octavio Farías Gómez, delegado de la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financiero (Condusef), quien anadió que si no son aprovechadas las remesas de los chiapanecos que radican en EU, la economía del estado podría bajar radicalmente.
Según datos recientes del Consejo Nacional de Población (Conapo), en 2004 unas 398 mil personas emigraron de México a otros países, especialmente a Estados Unidos, donde hay alrededor de 10 millones de mexicanos, de los cuales unos 4.5 millones son indocumentados.
El delegado de la Condusef indicó que la mayoría de la población que recibe dinero que le envían sus familiares desde EU lo destinan para gastos del hogar y que el poco dinero que les queda lo despilfarran en artículos innecesarios.
Datos oficiales indican que sólo nueve por ciento de las remesas se asigna a proyectos productivos y el resto se destina a consumo cotidiano.
""Los familiares de los inmigrantes por lo regular no destinan el recuso que les envían para algún proyecto productivo, por el contrario lo gastan en el consumo del hogar como comida y vestido, pero nunca para el ahorro"", expresó Farías Gómez.
Es necesario, dijo, se inculque una nueva cultura del ahorro para que las familias en el caso de quedar desamparadas puedan sobrevivir de una reserva económica porque de lo contrario la pobreza los consumirá.
Es por ello, manifestó, se pretende que en los próximos meses, se implemente en algunas escuelas primarias, pláticas para que los menores tengan la concepción de lo que es ahorrar y tener ese hábito que en alguna ocasión pueda sacarlos de un problema.
La Condusef senala que de acuerdo con estadísticas registradas, en nuestro país 60 por ciento de la población económicamente activa no ahorra para gastos que ocurren con cierta periodicidad.
Para el economista peruano Hernando de Soto, la pobreza se debe a que en los países subdesarrollados -de tercer mundo- la falta de certificación de la tierra a los campesinos no les permite adquirir ningún tipo de préstamo por parte alguna institución, debido a que no tienen cómo comprobar una propiedad.
El controvertido especialistas comentó en una ocasión que ""para que haya desarrollo en los países pobres, se les tiene que permitir - a los pobres y las clases medias bajas- usar sus activos tal como los usan los ricos y el desafío político es hacer que estos bienes pasen del sector extralegal a un régimen de propiedad legal"".
Es decir que los pobres puedan disponer de sus tierras, pedir préstamos a bancos o instituciones financieras para que puedan trabajar ese patrimonio y pagar la deuda adquirida.
Según estudios del Instituto Libertad y Democracia de Perú (ILD) comprueban que, en realidad, los desposeídos tienen recursos para cambiar su destino, sin embargo, no son dignos de créditos y de apoyos financieros inmediatos.
En Perú, los activos de los pobres ascienden a unos 90 mil millones de dólares, 11 veces más que todos los títulos de la Bolsa de Valores de Lima y 40 veces más que el total de ayuda extranjera que ha recibido el país desde la Segunda Guerra Mundial.
En México el monto estimado es de 315 mil millones, siete veces más que el valor de Pemex, la empresa petrolera nacional. Sin embargo, ellos, los desposeídos son hechos a un lado - incluso - por el sistema bancario. Algo similar ocurre con los micro, pequenos, medianos e incluso grandes empresarios que no han logrado destrabar los créditos para nuevos proyectos.
En los estados de México y sobre todo en Chiapas pese al incremento en el envío de remesas, el campo chiapaneco no se recupera, esto debido a que la población campesina no ocupa este recurso para proyectos agrícolas; además de que no sienten como propia la tierra, sobre todo porque la producción no es suficiente para sobrevivir, dado el bajo precio de las cosechas y el alto costo de los insumos.
Ahorrar, dicen los clásicos, no es guardar lo que sobra, sino disponer una parte de lo que se obtiene con periodicidad para las ocasiones espinosas. Sin embargo, ante la pérdida del valor adquisitivo del salario y de nuestra moneda, en las últimas tres décadas, la espiral inflacionaria y el desempleo, difícilmente alguien puede rescatar algo para ocasiones más difíciles, cuando lo dificultoso - es y ha sido - sobrevivir de los mediados de la década de los setenta a las fechas actuales del neoliberalismo mundial.
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