De un tiempo a esta parte, se han incrementado los casos de negligencias médicas en el sistema de salud pública de México. La principal causa de las quejas ciudadanas ante la Comisión Nacional de Arbitraje Médico (Conamed) tiene que ver con errores de médicos e instituciones, cuyas consecuencias llegan a ser funestas.
A decir de Carlos Tena Tamayo, responsable de dicha comisión, algunas de las causas de este fenómeno se encuentran en la saturación de los servicios hospitalarios y la falta de equipo médico. Es decir, a la posible falta de pericia y preparación de los doctores -que también se encuentran en el centro de las demandas presentadas ante Conamed- se agregan limitaciones materiales que, de estar bien cubiertas, no ocasionarían el drama actual de mexicanos insuficientemente atendidos o incluso muertos.
Mucho se gasta del presupuesto público para mantener en funcionamiento el sistema nacional de salud, pero a la vista de estos datos, es evidente que los resultados no son los esperados de ninguna manera, porque la demanda de servicios supera con mucho a la oferta, dando como resultado un déficit de atención, que se traduce, a su vez, en negligencias. Saber que una vida se pudo haber salvado o una persona aliviado por el solo hecho de contar con un aparato, una medicina o un trato más personalizado y humano de su médico nos debe hacer reflexionar sobre lo urgente de revisar los recursos asignados a instituciones como el Instituto Mexicano del Seguro Social, el ISSSTE, la Secretaría de Salud o el DIF, porque es precisamente en sus clínicas, hospitales e incluso en sus grandes centros de concentración quirúrgica donde se registra el mayor número de quejas de derechohabientes.
Es vital la parte económica y financiera, pero también lo es, en la misma medida, el aspecto deshumanizado y la falta de calidez de la atención que, indudablemente, son aspectos que danan asimismo a quienes llegan a estas instituciones en condiciones de deterioro en su salud.
Como refiere el doctor Tena Tamayo, la saturación de servicios da pie a una atención deficiente y superficial, en la que sólo importa deshacerse lo más pronto posible del paciente y no ocupar camas y medicinas.
Eso no debe seguir así. El enfermo no puede ir resignado a las instituciones de salud pública a acumular, a su dolor físico, descuidos médicos, agresiones, desatención y humillaciones de parte del personal médico y administrativo, porque eso agrava aun más este deterioro institucional.
Hay quienes buscan servicios de salud privados para no tener que enfrentar estos agravios, pero la medicina privada es un coto tan caro para la mayor parte de la población, que tampoco es opción para que los mexicanos estemos verdaderamente protegidos y para lo cual pagamos nuestros impuestos. El servicio, a fin de cuentas, no es gratuito.
No podemos estar satisfechos con nuestro actual sistema de salud. El Estado no debe renunciar a su obligación de proveer a todos los ciudadanos de una medicina pública que conjunte certeza, calidad y humanismo: simple y sencillamente. (El Universal)











