Sí, es tiempo de serenarse. Urge que todos los actores políticos involucrados en el proceso electoral dejen ver su aspiración de hombres de Estado y que la dignidad del quehacer político quede enaltecida con actos que conduzcan al fortalecimiento de nuestra democracia, de las instituciones democráticas y por la paz social.
HOY entran en vigor las reglas del Instituto Federal Electoral para que el Presidente, los gobernadores, funcionarios públicos, presidentes municipales y el jefe de Gobierno del Distrito Federal y sus delegaciones se abstengan de hacer campanas que solapadamente impliquen propaganda para algún candidato o partido político, así como usar fondos, recursos y tiempos laborales con el mismo fin, o condicionar sus deberes y servicios a la forma de votar.
Si estas previsiones son bienvenidas en tiempos regulares, ahora que la crispación parece saturar el proceso electoral adquieren una trascendencia inocultable. La disposición es útil y deberá ser calibrada con el tiempo, a la luz de las observaciones pertinentes.
La manufactura del discurso político oficial, por ejemplo, es susceptible de usos sutiles y subliminales difíciles de prever. O, a la inversa, puede ser motivo de denuncias que, aunque no puedan sustentarse con firmeza ajustada a la letra del acuerdo, pueden cumplir con el propósito de contribuir al enrarecimiento de la elección.
Es una inclinación irresistible del gobernante echar de algún modo la mano a los candidatos del partido que lo encumbraron. Además, para algunos gobernantes es muy satisfactorio entregar la estafeta a un companero de partido, en lugar de a un candidato de oposición. Un gobernante que no actuó de forma transparente puede retirarse tranquilamente si sabe que sus espaldas, y las de los suyos, están bien cuidadas por un amigo agradecido por el apoyo recibido. También es un modo de mejorar la imagen pública, sobre todo cuando está ajada, cerrar el término constitucional con elecciones impecables y una sucesión tersa.
La responsabilidad nos impele a actuar correctamente en todo el proceso electoral, no solamente desde el poder, sino también desde los partidos y como ciudadanos. Hay autoridades que debemos acatar y fortalecer, como es el IFE y los institutos electorales estatales, los que, a su vez, han de funcionar con estricto apego a la ley, con base en su autonomía política y a las normas éticas que dan garantía de respeto al voto y fundamentan la confianza ciudadana.
Esta parte de la estructura democrática, que son las elecciones, tiene que ser cuidada por todos porque significa el buen comienzo de una tarea más grande y complicada, que es la construcción de un sistema democrático moderno, a imagen y semejanza de los que vemos florecer alrededor, muy al sur, muy al oriente y muy al poniente, con envidiables resultados en lo económico y lo social.
Se espera, por tanto, que todos cumplan con el Acuerdo de Neutralidad Política, emitido por el IFE, a fin de llevar a cabo un proceso electoral marcado por la transparencia, la honorabilidad, la ética política y la dignidad de hombres de Estado, y esto, naturalmente, tiene que ver con la serenidad política y social indispensables. (El Universal)











