Niños esperan aún el anhelado retorno

Niños esperan aún el anhelado retorno

Una veintena de voluntarios entran y salen de la casa parroquial de Chalchihuitán. Algunos descargan víveres, ropa, maíz y otras donaciones procedentes de diversas partes del país para los campamentos de desplazados.

Otros más cargan tanto como pueden las pequeñas camionetas que llevan lo necesario a los refugiados para resistir el destierro y las temperaturas que han bajado hasta los diez grados centígrados, en más de una docena de veces en el último mes.

Los que no cargan y están afuera, en aparente pasividad, también tienen una función. Día y noche algunos pobladores de la cabecera se turnan para resguardar la parroquia de San Pablo, luego de que en las últimas semanas advirtieran la presencia de vehículos tripulados por vecinos de Chenalhó, presuntamente armados y en actitud amenazadora afuera de la casa parroquial.

Uno de los campamentos de desplazados, en el paraje Ch’enmut, está repleto de niños. La mayoría de los hombres no tienen más remedio que ir hacia las montañas circundantes, donde los cafetales están siendo cosechados, pese al riesgo de toparse con civiles armados de Chenalhó.

Muchas de las mujeres van hacia sus casas abandonadas, colina abajo, para alimentar a sus gallinas y volver antes que caiga la tarde. Sus hogares han dejado de ser el lugar más seguro para habitar.

En el campamento de Ch’enmut, seis de cada diez refugiados son niños. Más de la mitad de ellos caminan descalzos y a casi todos se les oye toser. Hay un comité que coordina la recepción y entrega de los comestibles. Ciento ocho personas pueblan este campamento y aún no pueden regresar a sus parcelas y casas.

Al mediodía de este jueves, la mayoría de ellos hacía una fila recibiendo ropa y juguetes de voluntarios civiles que llegaron hasta el campamento por sus propios medios.

Paradójicamente, los refugiados se encuentran hacinados en una carpa de cinco por seis metros, con techo de plástico, mientras a un par de metros, media docena de policías se encuentra descansando en el interior de la casa ejidal, construcción de concreto de diez por doce metros con agua entubada, catres con cobijas y cocineta.