La población más sensible y vulnerable al impacto de la pandemia son los menores de edad, sin embargo, son quienes dan el ejemplo de la capacidad de adaptación del ser humano, logrando avanzar de forma importante en nuevos hábitos y en una nueva forma de vida, ahora pasando la mayor parte de su día dentro de casa.
De acuerdo a Jesús Baltierra Hernández, encargado de la Dirección de Salud Mental y Adicciones de la Secretaría de Salud, los niños son los que mejor se han adaptado a la nueva normalidad, pero también requieren del apoyo emocional de sus familias.
Mencionó que los pequeños marcarán la pauta de las relaciones humanas en la nueva normalidad, ya que anteriormente pasaban muchas horas fuera de casa, en la escuela, lejos de su familia, pero hoy permanecen dentro de casa prácticamente todo el día y demandan tiempo, ya que sus actividades se suspendieron.
Uno de los aprendizajes profundos es el cambio de los tiempos de las relaciones humanas; mientras que antes en casa se convivía poco tiempo con los seres queridos, ahora se puede dedicar más tiempo a ellos.
Dijo que las personas deben aprender a saber qué hacer con los tiempos libres, al pasar más tiempo en casa, en el caso de algunos, todo momento libre debe ser aprovechado de forma positiva en fomentar las relaciones familiares.
La pandemia vino a cambiar los roles familiares; por ejemplo, los padres y madres además de sus actividades laborales y del hogar, deben apoyar totalmente a sus hijos en la parte escolar, sobre todo si son menores de 15 años; se convierten en tutores y docentes.
En algunos casos esto generó conflictos en el sentido de decidir quién se haría cargo de esa labor, el padre, la madre, un abuelo, un tío, derivando en crisis, ansiedad y frustración, sentimientos que afectan a los niños al percibir la falta de organización.
Desafortunadamente, en ciertos casos la carga de actividades dentro del hogar recae en la mujer, ya que además de salir a trabajar debe encargarse de las labores domésticas, y con la pandemia esto se acentuó más, al tener que ser ellas quienes estén al pendiente de los hijos.
En ese tenor, el médico señaló que una familia disfuncional no se adapta a los cambios y hace de ellos un motivo de conflicto y de violencia, mientras que una familia funcional es capaz de desplegar su inteligencia y sentido común, sentándose a organizar las nuevas actividades para cumplir las tareas.












