No al imperio criminal

"Las Fuerzas Armadas prometieron el martes que no darán ""un paso atrás"" en la lucha contra el narcotráfico ni permitirán la construcción de ""imperios del crimen"".

El voto formulado por el secretario de Defensa, Guillermo Galván Galván, parece oportuno luego de incidentes como el fallido atentado explosivo del viernes y las recientes capturas de grandes arsenales de cárteles del narcotráfico.

En un acto para celebrar el Día del Ejército, con presencia del presidente Felipe Calderón, las Fuerzas Armadas recordaron a las decenas de soldados muertos en la que es una verdadera guerra para recuperar los espacios perdidos a manos de la corruptela y el temor que propician los narcos.

Sería difícil pensar lo que podría ocurrir si las Fuerzas Armadas fuesen retiradas de esa lucha. Los policías federales y locales no parecen listos a enfrentar grupos de sicarios constituidos y entrenados por desertores de la milicia.

Es por eso que el senalamiento de Galván Galván es particularmente importante. La situación actual es una en la que la delincuencia desafía a las autoridades en particular y la sociedad en general, un hecho que no puede ser ni aceptado ni marginado sino que debe ser enfrentado y combatido abiertamente.

Que las Fuerzas Armadas no son el instrumento ideal puede ser cierto. Lo que es absolutamente correcto es que son el único a disposición del gobierno.



Fidel Castro: aún presente

El presidente de Cuba, Fidel Castro Ruz, sale de la escena, pero sigue de apuntador.

Aunque con su anuncio de no buscar su reelección como presidente ni de mantenerse como comandante en jefe sacudió a la opinión internacional, Castro dejó bien claro: ""No me despido de ustedes. Deseo sólo combatir como un soldado de las ideas"".

Claramente, Castro hace mutis lentamente, pues le preocupa preparar a su pueblo psicológica y políticamente para su ausencia, como él mismo afirma en su mensaje. No quiere que haya noticias traumáticas ""en medio de la batalla"".

El gobierno cubano pudo, durante todo este tiempo, resistir la más severa presión económica de la historia, que usó para soldar la unidad interna, y rechazó una invasión auspiciada en el extranjero. Ni siquiera el desplome del mundo socialista en 1991 pudo arrastrar al régimen cubano, que ya resulta una especie extrana, pese a que ha restablecido sus relaciones diplomáticas con casi todo el mundo y las mantuvo en nivel óptimo con el Vaticano de Juan Pablo II.

Singularmente, Castro se retira por su voluntad y se mantiene en guardia. En general, los grandes líderes comunistas -Lenin, Stalin, Mao- murieron en el mando. Otros fueron depuestos o asesinados, como Mlanekov y Ceausescu.

Con el desvanecimiento de su poderosa imagen pública, símbolo de un comunismo que ya es historia, surgen en América Latina nuevas figuras de una izquierda moderna, con alguna excepción populista. (El Universal)

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