No hay

Al parecer todo el dinero se acabó, pero las necesidades primarias hacen gruñir las entrañas de Chiapas, en los Ayuntamientos y en algunas otras entidades del Gobierno del Estado. Y aquí ya no se trata de que se preste o no se preste, de si se endeuda o no se endeuda más, sino de cómo y en qué rubros se aplicarán esos recursos y de cuáles serán los controles.

Gracias a los valiosos aportes de algunos legisladores locales que sí habían tenido acceso a la iniciativa que de entrada ha sido cuestionada en su fundamento jurídico por quienes conocen de Derecho, se ha hecho una proyección sobre los montos y porcentajes, sin embargo, persisten versiones encontradas sobre su aplicación: en tanto unas voces sostienen que los recursos no irán a tapar las deudas del Gobierno del Estado, otras plantean exacatamente lo contrario.

La situación se ha tornado delicada y amenaza trastocar el orden en varias regiones de Chiapas en las que la principal demanda es de recursos que se deben y no se pagan porque no hay. Esto ha expuesto a muchos Ayuntamientos pues han perdido el respeto de subalternos, de proveedores y de todos, e incluso se ha llegado al extremo de ver a autoridades encerradas, retenidas o secuestradas en sus alcaldías, por ese problema de liquidez.

Lo han confesado ya los altos funcionarios de la actual adminstración, que el Gobierno se halla en una situación complicada por falta de dinero. En efecto, es compleja esta situación, pero los chiapanecos podrían preguntarse cómo se llega a ella.

Millonarias participaciones federal han llegado puntuales a Chiapas, a las que se han sumado extraordinariamente, anormalmente diríamos, más de 16 mil 500 millones de pesos vía préstamos. Es decir, la situación actual luciría artificial si no fuera porque es totalmente real.

Existe, se percibe, una decepción frente a estos problemas que se han venido desbordando y no se concibe que quienes tenían bajo su responsabilidad la administración de la entidad entreguen a Chiapas al próximo gobierno en estas deplorables condiciones, convulsionado, desmejorado, casi quebrado y además endeudado.

Se debe con toda la transparencia poner nombre y apellido a quienes resultaran responsables de esta trastabillante administración, porque las graves consecuencias trascenderán generaciones. No es el escándalo en las alcadías. La pregunta es, cuánto se ha afectado el futuro financiero de Chiapas.

Algunos economistas sostienen que a la fecha, sin que sea aprobado todavía el préstamo de 3 mil 600 millones de pesos, el 70 por ciento de las participaciones federales ha sido ya comprometido.

Pero además, quién informará de la aplicación de ese nuevo dinero, qué garantía hay de que estos recursos no se diluyan en otra indefinición.