“El mayor anhelo de Dios para toda la humanidad es que no hayan más divisiones, guerras, enfrentamientos, pleitos, sino respeto, ayuda mutua, perdón y solidaridad”, afirmó el obispo Felipe Arizmendi Esquivel.
Dijo que durante Navidad y Año Nuevo, tanto con la familia como con amistades y conocidos, “todos anhelamos vivir en paz y en armonía”.
Se preguntó: “¿Esto es posible? ciertamente es deseable, y de nosotros depende que el sueño de Dios se haga realidad. ¿Cómo? ¿De qué forma podemos hacer real y concreto el sueño de Dios?”.
Añadió que “cuando alguien quita sus tierras a sus hermanos de raza, a sus vecinos, a sus propios familiares, sobre todo cuando tiene las propias y no vive en la miseria, contradice el plan de Dios y se hace un Caín para su hermano”.
Manifestó que “cuando una persona usa armas de todo tipo para espantar y amedrentar a su prójimo, ya no es hermano, sino enemigo. No ha comprendido el mensaje de Jesús, aunque se diga creyente”.
Abundó: “cuando grupos violentos provocan que miles de personas vivan desplazadas, con hambre y frío, expuestos a todas las enfermedades y a la muerte, contradicen el espíritu de Navidad, niegan su religión cristiana, si es que la tienen”.
Señaló que “cuando organizaciones criminales extorsionan, roban, matan y generan miedo y terror, no son ángeles de paz, sino demonios a quienes sólo importa el dinero, el poder y el placer. Eso no es Navidad”.
Por lo contrario, continuó, “cuando somos solidarios con los desplazados y procuramos hacerles llegar ropa, alimentos, medicinas y protección para sobrevivir, entonces es Navidad. Lo que hacemos por esas personas, Jesús lo recibe como hecho a él mismo”.
Dijo que “cuando tenemos una atención, una palabra, una sonrisa y damos una ayuda a un pobre que pide limosna en la calle, entonces es Navidad. Es lo que Jesús nos enseña: trata a los demás como te gustaría que te trataran, si estuvieras en su caso”.
Afirmó que “cuando visitamos a un enfermo, a un encarcelado, a alguien que pasa por una situación dolorosa, cuando somos generosos con los migrantes, entonces es Navidad. Aunque en casa no hayamos puesto nacimiento, estamos viviendo la esencia de este misterio”.












